In-mortal

Como que me quede sentado en la pausa, en el sitio mismo donde el silencio se convierte en la nada, en donde la vida en su majestuoso hecho de ser, no es nada más que una invitación a estar del otro lado, en donde me pregunto y me respondo de mil maneras ¿Qué hubiera sido si…?
La bulla de la calle se ha convertido en murmullo, en ecos minúsculos que pasan inadvertidos, Buda y sus enseñanzas se han visto reducidos a minúsculos ladridos de perro y de pronto podría cambiar las 30 terapias de respiración  y yoga que gane por un simple trago de algo…
No crean que este escrito es uno de esos con sabor suicida, es solo que por hoy y solo por hoy (espero), olvidé el cómo se sigue en este juego absurdo de existir. 

sobre mi madre


Como que siempre uno se pregunta hasta donde es capaz de llegar por el otro, obvio, asumiendo como el otro, a la persona por la cual derrochas más que simpatía y un amor que se te sale hasta por las tripas. Un claro ejemplo de ello, es que mucho antes de conocer a Jesús o al menos todo lo que se dice de él; yo ya sabía quien había dado con pruebas reales hasta la vida y conocía de antemano lo que significaba el real sacrificio que implica anteponer la existencia por ese tipo de sentimientos.

Quiero dejar claro que no es el caricaturizado Che, ni mucho menos el joven baleado en la clásica escena de Platoon; de hecho, fue nadie más que Gloria mi madre; a la cual le estoy eternamente agradecido y por la cual hasta ahora espero no hacerla arrepentir de tan generoso intercambio.

La verdad es que pocas veces hablo de esto, es más, hasta lo evado; pero hoy amanecí pensando en ella, en su paradero, si reencarno en una vaca como lo pensaba de niño, en si es parte del infinito cosmos o si ya no queda partícula alguna a diferencia de lo estipulado por Einstein.  

Sé que mañana seguiré guardando toda esa gratitud en mi páncreas para no generar falsas lastimas,  preguntándome como casi siempre si seré capaz de hacer lo mismo que ella en mi momento y esperando a hablar de lo que nos paso solo hasta que salga nuevamente esta charla frente a terceros y me sea imposible desaparecer o presionar el botón de eject.

sobre las confiadas y otros cuentos


La seguridad que imparto, parece que es tan fuerte como la economía de Grecia, como la credibilidad de mi selección o las palabras de una tal Barack; mis acciones y actitudes demuestran lo que representa en la vida real un billete de Monopolio, un salario mínimo legal o un billón de Sucres Ecuatorianos.

Lo digo porque cada vez que maximizas algo mínimo o ves alguna alucinación que nadie ve; todo mi progreso se ve reducido a cero, transformándose de pronto en una nueva película con un guion bajo tu pluma de furia, en donde yo, claro, soy una especie de maquiavélico bipolar que puede hablar en doble léxico en las redes sociales sin ningún tipo de pudor y hasta dónde puedo amar seguramente (en tu cabeza) a tres bandas.

Estimados, nunca crean cuando una mujer dice que no es celosa, la verdad, esa afirmación es tan cierta como el fin del mundo en el 2012, la recuperación de la bolsa internacional a corto plazo y la salvación del planeta reciclando bolsitas o poniendo de moda el estreñimiento.

Sobreviví a un Apocalipsis

En esta semana que ha durado más o menos 10 días, en donde  he dado hasta lo que no tengo y mi tratamiento para lograr un colon menos deplorable se ha ido irónicamente a “la mierda”; me ha hecho dar cuenta de una cosa relevante y otras dos irrelevantes pero ciertas.
La primera, es que aun resisto los famosos trasnoches previos a la entrega de un proyecto sin perder mi correcta cordura de cabra y que el café, en cierta medida aun ayuda a enfocar el mínimo de energía que queda para finiquitar cualquier tarea (puede ir desde terminar un resumen ejecutivo, sonarse los mocos, hasta prepararse un té a media luz sin saber el paradero del endulzante).
La segunda, que debo volver al especialista para  reiniciar el tratamiento de rejuvenecimiento intestinal, envejecido prematuramente por las altas tensiones, estrés y sufrimientos frente a minúsculos y mayúsculos problemas laborales así como del alma.
Y la tercera y no menos importante, que gastamos más de la mitad de la vida encerrados en cuatro paredes llenas de cables y teclados, haciéndonos ciegos adrede, respirando el aire a veces denso de otros,  malgastando nuestras falanges y articulaciones, todo para poder pagar una renta, una crema de maní Calvé o simplemente una felicidad a plazos.
Disculpen si la presente entrada no es de su agrado y se siente sin ningún tipo de edición ni pulimiento, pero la verdad, es que esta misma, está escrita en piloto automático por un simio entrenado.


sobre idiotas inmortales


Miro con cierta antipatía al joven que fui, a esa persona que desbordaba nostalgias, bohemias y depresiones por los huesos, los pizarrones y el asfalto que pisaba.  Que escribía con cierto grado de patética pena cada acontecimiento que nunca fue para mayores, del que sufrió sin sufrimiento, adrede, contra natura, lamentando su existir por cuestiones de desamor y pena auto infringida.

Es verdad que los años nos dan cierta claridad de la realidad y criterio de lo pendejos y ciegos que fuimos al ahogarnos en charcos y por renacuajos de paso, pero a decir verdad, aunque hubiera podido ver desde el principio, debo reconocer que me gustaba caminar a tientas, mutilando a mi colon y sembrando fantasmas en mi cabeza que lograban escribir más de un verso a la madrugada.

Exorcicé con cierto alivio al idiota que fui, a ese que murió de pronto en el optimismo bienaventurado, a ese que dejo de ser peso para mi ansiedad y mi sistema digestivo, a ese que agradablemente expectore a tiempo por mis poros antes de la demencia. A ese que lamentablemente reencarno en mi hermana menor, hasta nuevo aviso.

sobre Zares, olvidos y paradas de autos


Así como nunca ganaré la lotería ni me curaré de mi compulsividad, así como Kosovo quedó sin su venganza y los Romanov sin un mísero descendiente para empeñar todos sus famosos huevos, también de alguna forma menos trascendente pero sinónima, como mi postergado acto de excomulgación frente a la iglesia o mis fallidos puntapiés en las gónadas a más de un amigo para que se despabile y empiece a vivir; debo decir que esa sensación de no haber tenido o tener, esa impresión de falta o falencia, se me ha agudizado por estos días, sobre todo cuando cruzo por el “STOP”  de mi esquina y me recuerda tu querida figura escuálida.

Y es que puedo decir que tengo la misma sensación del Zar de Rusia cuando mis manos quedaron sin tocarte, al igual que mi tacto sin percibir los causes que se crean cuando sonríes; quede sin saber de qué color es la parte de piel que no alcanzan a ver mis ojos y por supuesto del sabor de tu compañía en la real soledad de mi estado natural. 

Es verdad sobre la facilidad de poder patear a un cura para ganar mi "libertad escrita" de credo, pero al contrario de Kosovo que aun puede encontrar y torturar a los que la desangraron, yo, ya no tengo ninguna posibilidad de generar al menos una esperanza para fusilar esa indiferencia que me regalaste y poder luego morir dignamente.

aprendamos de los ratones


Siempre he pensado que son más inteligentes los ratones de laboratorio, que después de un acertado error, aprenden a no electrocutarse por tomar lo que creen suyo. Nosotros por el contrario, nos reímos cuando vemos a las polillas entorpecidas chocar una y otra vez contra la ventana o quemarse por completo con una vela, sin darnos cuenta por supuesto, que nosotros hacemos lo mismo una y otra vez pero con nuestros errores y fallidas decisiones.

Nos sorprendemos de lo sorpresiva que es la muerte y se nos erizan los pelos de la nuca cuando se lleva a alguien de forma prematura y sin previo aviso; sin embargo, humanamente claudicamos en nuestro asombro y posible aprendizaje, cuando después de todo y pese a todo, luego del miedo esfumado que calaba nuestros huesos, prendemos como si nada un cigarro de excesos  y abrimos nuevamente una botella de bohemia, volvemos a perdernos en la ridiculez de la rutina y a creernos como siempre inmortales.

Creo que es hora de un cambio, creo que es hora por fin, de empezar a aprender de los ratones.

balada para un recuerdo


Tantas cosas se quedaron sin decir desde el momento en que partiste de forma inesperada, no suelo recurrir a mi estado depresivo desde el Cipramil, pero me has hecho fatigar el alma mientras miro por la ventana la nieve que tanto quisiste ver; reconozco que a pesar de este momento incomodo tengo la doble posibilidad de encontrar una solución que de alguna forma carcoma la pena que se va congelando con el frio.

La primera responde al instinto primario de buscar una botella de vodka y fulminarla sin ningún tipo de rebaja, la segunda y sin ningún atisbo de esperanza por supuesto, el de salir a buscarte por estas calles albinas que se quedaron sin tus pasos, aunque no te encuentre.

memorias de un can en retiro


Sin mucho orgullo disponible en mis bolsillos para estos casos, solo me resta presentar disculpas a todas las ilusiones y amores que fueron pisoteados, dejados a su suerte o dados completamente de baja; ya haya sido por hacer mal uso del ADN, la picardía o de la coquetería gramatical cuando mi soledad no compatibilizaba bien con mi cordura.

Es verdad que en la poca vida recorrida y más explícitamente en la última década recordada, no fue la monogamia una de mis mejores virtudes; el ilusionar a ciegas y cautas fue el mejor deporte a practicar cuando era una mejor opción que prestarle atención a mi cerebro que se iba resquebrajando de a pocos. No obstante, aunque ese camino de inconstancias pario varias historias con versos y  estrofas para hacerlas más creíbles, muchas de esas letras bonitas nacieron con un rastro de heridas tristes con nombres propios como Zutana y Mengana.

Sin muchas razones disponibles en mi nochero, solo me queda agradecer por esas historias que tuvieron mejor final en el papel, y decirles que para su salud mental y alivio personal, así como yo, también hubo gatas que me hicieron deglutir literalmente su boñiga.

me aburrí del fútbol

El futbol al igual que las relaciones  personales, son tan inconstantes y variables que no me sorprende para nada que mañana estemos en un mundial a pesar de ser pésimos y no haber metido un solo gol en primera ronda o por ejemplo que mi amigo que recién se acaba de casar con una rubia hermosa, salte de la noche a la mañana al mercado homosexual y se enamore de su mejor amigo con el que vivía tiempo atrás en Londres.

Es que si algo me ha demostrado el Mundial, la Copa América y la vida, es que soy excelente para irle permanentemente al peor de cada partido, nunca atinarle a los equipos semifinalistas y a que de un 80% de los amoríos de mis amigos, a pesar de que duran hasta los tiempos suplementarios, siempre terminan siendo eliminados en segunda fase.

Creo que de ahora en adelante debería optar por mirar mejor el chessboxing y esperar a que termine para levantar la banderita.