No
les voy a mentir, pasa que cuando me cuentan o leo una historia, así, de forma
tan magnánima; como si supiera el narrador todo de cada fulano, como si tuviera
el don para entrar en las tripas de la gente, en lo que piensan, en sus ganas
hasta de ir al baño u otros sentimientos mejores y bienvenidos, realmente me entra el hastío; les voy a ser
sinceros, en este pueblo de mierda, lo poco que sé me basta para vivir, además,
no me importa si la gente hace de su culo un circo, o de su gracia un funeral,
allá ellos.
Por
ejemplo, del viejo Luis que vive en frente de mi casa,
solo sé que lo dejó su mujer hace tres años a causa del cáncer, es un
buen compañero de tragos, ya que como yo, no le gusta hablar mientras nos
dedicamos al oficio. Del señor Octavio, sé que me ha servido casi por 20 años
el ron tal cual como me gusta, sin preguntar como me pesa esta soledad, sin
mencionar si tiene hijos, esposa, delirios o esperanzas ¿A quien le importa los
sueños de terceros mientras se disfruta de un buen ron en las rocas?
Por
ultimo y es en realidad de lo único que me duele no saber, es el nombre de la
camarera de enfrente de este negocio, trabaja en un café demasiado burgués para
mi gusto, no me dejarían entrar con este olor a alcohol que no lo he dejado ir
desde la adolescencia, mucho menos, con estas fachas que alcanzo a ponerme de
rapidez solo para no salir desnudo a la taberna. La veo salir siempre después de su
hora de trabajo, mientras yo ya estoy por mi décimo octava ronda, me gustaría
saber como se llama, si está soltera, si tendría un poco de tolerancia con los alcohólicos o por lo menos, de querer hablarme si me digno algún día a llevarla
a su casa.
Hoy
es una noche de lluvia, la música no puede estar mejor y el ron me sabe mejor
que nunca, mis manos cuarteadas empiezan con su temblor habitual mientras mi
mirada se dirige hacia el café, ya que es casi hora de que salga mi fulana para
darme el gusto de la buena vista. Ella ya está ahí esperando al bus que no
pasa, con sus piernas flacas y sosteniendo con sus fuerzas ese inquieto paraguas
que no deja de moverse por el viento. Dudo por un momento si es por el cambio a
ultimo momento de ron Cubano por Guatemalteco, que hace que me pare y encienda
mi camioneta con rumbo hacia a esas piernas flacas que se esconden en el
paradero.
No les niego que me
costó mucho hacer que confíe en mi, le cuento que mi madre conoció a la suya en la fabrica de textiles,
que trabajo en el negocio de enfrente, que también me dirijo hacia el sur y que
en una noche como esta lo que menos pasan son los buses salvavidas (puras
mentiras de ebrio). Asumo que prefirió subirse gracias a la lluvia torrencial y no por mi
discurso barato, improvisado a ultimo momento; así que gracias a Dios o al cambio climático, de un momento a otro me
encontraba con ella dirigiéndome hacia su casa, tratando de pasar mi borrachera
desapercibida y conduciendo del mejor modo en que mis manos ansiosas por otro
trago podían llevarnos.
Costó
mucho lograr empezar la conversación, aun así me cuenta que esta soltera desde
que enviudo en el noventa y tres, que esta aburrida de ser mesera, que sería
bueno un cambio y que su soledad le pesa hasta en las horas del
postre. Me cuenta, además, que vive solo con su madre que esta a punto de
estirar la pata, que luego de que se acuerde Dios de su progenitora, empezará a
preocuparse por ella misma, que ya es hora de terminar su larga soledad y su mal estado civil. La
borrachera me hace asumir que son indirectas para mi, cada palabra dicha, mas cuando
logro ver que sonríe mientras cuenta cada pena que sale de su boca, no hago sino
escucharla con cara de bobo hasta que se me suelta una risa, ella me pregunta
porque rió, le respondo solo en mi mente, pensando en lo idiota que soy,
respondiéndole mentalmente que me han llegado tarde mis dotes de valiente
casanova y la motivación para conocerla; que antes de la segunda cita (si esta
llegase), esta cirrosis que el puto médico me diagnostico, me podría llevar
antes de poder ayudarle a matar alguna de sus soledades.
“Irónica vida, mi señora; tarde
no llegan las cosas, si no tan solo, tarde nos da por actuar a muchos” le
respondo con reales palabras que salen con olor a mi segundo gran amor. Giro
frunciendo el ceño por la ultima curva antes de llegar a donde me dice que es su casa, me dice que por cierto su nombre es Mónica Zacapa; la luz de un auto que viene adelante me hacer conocer realmente el color de sus ojos mientras sonrió de la ironía y libero un ultimo suspiro.