Si usted se ha dado cuenta de que su amor o lo que cree serlo, le ha surgido tan espontáneamente como el moho detrás de las cortinas, como la típica telaraña en el viejo álbum de los panchos de su viejo o simplemente como el suspiro imprevisto que sale después de un adiós cuando se dijo mucho y se esperó poco… no se asuste.
Si es que esa sensación le ha llegado directico al alma, casi como con un tino de arquero olímpico o de esos que se entrenan en Zimbabue para cazar micos asesinos o con rabia; si lo siente también como un contundente gancho directo a la quijada, como el de esos carniceros de dos metros de los viernes de boxeo en HBO; solo que a pesar de dejarle las mismas dolencias, usted lo recibe con gusto y con una sonrisa de bobo que lo deja babeando por toda la ciudad. Tranquilo.
Si además de eso también le trajo consecuencias más graves como de georeferencia, y le preocupa andar despegado del piso 25 centímetros cada vez que se hable con el otro y tropezar siempre en la escalera por no estar acostumbrado a empezar a subir por el segundo escalón y para rematar, que en su panza se genere una fiesta de mariposas y viseras cuando ve a su par simplemente sonreír y no sea claro por efectos simples y reales como la típica y sufrida intolerancia a la lactosa. Si esto también se acompaña de sudoración excesiva, taquicardias cumbiamberas, ansiedades carnívoras, muertes y resucitaciones, todo eso en el segundo exacto en el que esta con esa persona o todo cuando en un minuto de espera o ausencia se le convierte en un credo o rosario de domingo a las 6 de la mañana. No se preocupe.
Pero si le llegó con cierto grado de injusticia, con pequeños grados de desfase, en momentos distintos que pueden o no convertirse en amores o anhelos distintos, en ilusiones que pueden tal vez concretarse en idealizaciones baldías que terminan en choques rompe-parabrisas, con dislocaciones femorales, mentales y anímicas, como en palabras y promesas que pueden romperse al menor tacto por ayuda de fantasmas que no se quieren o se pueden dejar de lado. Tenga ahí entonces cuidado; porque puede padecer de una contundente Fulanitis severa o de una rara menganitis aguda, que puede generarle una seria hipermetropía para poder tomar decisiones correctas, dejándolo totalmente ciego y sumido en una deshidratación de tiempo donde solo queda lamentarse por el deber no cumplido, con un corazón sin seguro médico para ser recompuesto y con la única certeza de que hay que estar preparado para la etapa de duelo que prematuramente puede tocar a su puerta.