jodido y radiante

Nacer, crecer, enamorarse, parir, trabajar, trabajar, trabajar para luego morir cansado. No suena alentador cuando, tal vez si se equivocan los crédulos, esta es la única ficha que tenemos en este juego que llamamos vida. Si es así, sabrá que al fin de cuentas valdrá la pena haberla gastado haciendo lo que en verdad le gusta y no acumular dinero que nunca se llevará, esto ultimo por supuesto, por hacer cosas que podrían perfectamente causarle estabilidad a cambio de nauseas con rutina en las rocas cada mañana.
Quien no ha querido en más de una ocasión mandar algo o simplemente todo a la mierda, allá mismo donde las cosas no regresan y se comprometen a no molestarlo nunca más. Sin embargo, si el miedo se ha acoplado a sus rodillas y lo ha anclado de alguna manera a seguir haciendo lo que lo hace miserable, tenga cuidado y no se deje caer. Yo lo acabo de hacer, no me cambio por nadie con esta sonrisa de más y lo más importante de todo, sigo vivo. Jodido pero radiante.

Desesperanza

Ya nada malo o aberrante nos sorprende; ahora hemos cedido nuestro nivel de tolerancia hasta el punto de ver noticias que parecieran ser salidas del mejor cine gore de los 80’s y seguir comiendo nuestra comida chatarra como si nada. Y es que si antes nos sorprendía la muerte de alguien (bueno o malo), ahora pasamos al postre como si nada con las violaciones de miles de niños por parte de la iglesia, femicidios, canibalismo y las típicas guerras en el mundo que nos presentan tan amablemente y con la mejor cara los noticieros.

A donde se fueron las punzada en el pecho y nuestra cara de orto al ver matar al otro (ya sea animal, humano o planta), cuando dejo de importarnos el hambre en África y no solo utilizarla como cliché para que tu hermano se terminara la comida servida. Hasta cuando seguirán las cadenas de indignación en Facebook y Twitter desde millones de sillones calientes y lugares confortables. Hasta cuando las generaciones por debajo de nosotros se preocuparán más por el presente que en ofender a otros, fotografiarse en baños y masacrar al idioma.

No me alegra aceptarlo pero mientras más voy conociendo a la humanidad, mas me siento orgulloso de ser un buen y querido extraterrestre.

a Fernando Vallejo.


lluvia

Estos días de lluvia me hacen dar cuenta de que puedo ser una persona de agua, de esos que solo les basta el sonido del goteo para enmarcar una sonrisa. Y es que esta lluvia, al menos en esta ciudad, trae mucho más que despejar las calles de cobardes; ya que de alguna manera se las arregla también para sacarnos de esta rutina espesa y de paso y sin cuota de manejo, limpiar el cielo que a diario es aniquilado por los autos con sus vómitos residuales.
Hoy es un jueves disfrazado de lunes, las reservas de café aun no han logrado sacarme del estado catatónico con el que vengo después de divorciarme prematuramente de la almohada. No queda más que acercarse sigilosamente a la ventana mientras todo el mundo afuera corre para huir de ese elemento que irónicamente da la vida. Me quedo enmarañado de lluvia mientras miro a la nada; es un minuto solo mío en donde se puede perfectamente cambiar el mundo con millones de ideas u olvidarlo completamente con todos sus humanos anexos que nos dejaron de alguna manera en la puerta del olvido.

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duda

Para los que preguntan soy de ese pequeño grupo de tierra que nadie ve, ese justo donde la magia pasa inadvertida pero hace rodar a la rueda.