De pronto paré un instante y por primera vez entré a detallar cada minúsculo detalle que sumados te hacen la mujer más hermosa; de pronto y en medio de la música que retumbaba en mis tímpanos oxidados y acostumbrados solo al rock ochentero y algo de Vivaldi por estas fechas, me di cuenta de lo mucho que resplandeces entre la multitud y entre las opacas féminas que te rodean, de pronto logre entender lo irónica que a veces la vida es, y de cómo los suertudos siempre o casi siempre suelen ser los que el plural dan siempre por perdidos.
No sé por qué una mujer del semblante de un galgo español, de la fragilidad de la porcelana y la dureza de una esfera de demolición; de esas que paran el trafico y levantan aplausos cuando abren las multitudes, de aquellas que logran mesclar la ternura con una sexualidad explosiva, de esas que atrapan con un sentido del humor inaudito y sorprenden cada día con un optimismo nuevo, pueda sentarse una de ellas hoy a mi lado y decirme que me ama.