Este vacío en mi panza como si riñones, hígado y anexos hubieran dejado su puesto de trabajo, puede ser por dos simples razones. La primera, por el nuevo virus que mire en el noticiero de la tarde y que pude haber adquirido gracias a mi hipocondría ganada día a día con el sudor de la mente; o la segunda en cambio y más seguramente con más atisbo de veracidad, por la llegada total y definitiva de tu vida a mi vida, por la renuncia total e irreversible a esta desgraciada soledad encarnada en nosotros y con más razón tal vez, a que en este tercer round que nos da el destino será nuestra vencida.
Es por eso que me pongo mis mejores galas desde ya, específicamente la primera opción de las 8 posibles que había escogido y re escogido, estoy perfumado con mi loción más fina y el peinado de niño bueno que siempre traté de ser. Estoy parado como todo fin de jornada frente a tu ausencia con mi mejor cara, son las 8 de la noche con 51 minutos de un 24 de febrero, esperando ansiosamente como siempre a que pasen los días como suspiros y que tomes por fin y de una buena vez ese vuelo y por supuesto su relevo.