De
que me sirven ya mis vicios, si no tengo quien me los prohíba. Mi colección de
películas, mi música, mis escritos, ya no me sirven más sino para recordar el
pasado que me entra como la mierda con mi café de la tarde, cada tarde.
Marina
se quedó hasta donde pudo, no la juzgo. Ella trató de amarme y bastante tiempo
que lo intentó; 10 años soportando mis demonios y salir casi ilesa es más que
un logro a la perseverancia. Si se hubiera quedado por más amor que hubo, haya
o habrá; creo que ya seríamos dos locos que habrían perdido la cordura en su última pelea, dos extraños que solo comparten paraderos y sitios comunes para
regalarse un saludo; seríamos como dos muertos en vida que solo pensarían en la
hora del café, que habría pasado si se hubiera presionado a tiempo el botón de
“eject”.