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Sobre desamores y otras mierdas

Cuando el buen o mal amor lo ha abandonado e ineludiblemente usted es de los que automáticamente jura y perjura que está mucho mejor así que acompañado y se enmarca en una ridícula y mal hecha sonrisa que a duras penas se dibuja en su rostro; tenga cuidado.
Si usted está en el estado de que “toda micro le sirve” (frase chilena para describir que se puede coger a todo ser vivo (unicelular o pluricelular) que se le atraviese por desamor), no se queje si amanece a lado de minotauros, medusas, momias o alguno que otro muerto viviente que solo sirvió para hacerlo sentir más miserable; deseando al final, una de esas camas inexistentes que teletransportan al exilio al compañero de al lado o a su propio arrepentimiento que se le desborda por los cachetes.
Por eso, ya sea que la otra persona, usted o los dos sean los difuntos del cuento, es preciso tomarse un tiempo de respiro, donde usted vista realmente el disfraz de luto así le duela y le entalle; ya que siempre el amor perdido se olvida con el correr del tiempo, pero también, con lagrimas derramadas con carácter y exfoliando los verdaderos sentimientos sin creerse el Omnipotente.

a veces los atajos resultan

Anoche me visitaron nuevamente mis demonios y por supuesto el horror me sorprendió con un beso en la boca, las palabras de Buda se fueron a la mierda tan fácilmente mientras trataba de creerme como siempre un tipo cuerdo en busca de la sabiduría o simplemente una mente en blanco que buscaba solamente el buen sueño bajo las estrellas.

Hoy no soy más que un ente, un zombie o un eco sentado tratando de cumplir con un salario pactado para poder pagar mis cuentas, nada más que una huella de mar que se va perdiendo mientras el agua regresa, algo así como un mármol sin venas o un chocolate sin relleno olvidado en un cajón que nadie abre ya.

Hoy (y por cierto vivo por si acaso) amanecí como un pedazo de fantasma o de caca o como quieran llamarme, moviéndome con la sensación de andar en cámara lenta, aletargado y sin ninguna gracia cualquiera; solo con la confianza en el poco sentido de raciocinio dejado por la batalla bioquímica en mi cerebro y con la certeza de que el maldito auto control esta totalmente sobrestimado por estos días y que en cambio el clonazepan, siempre sera mi mejor amigo hoy, mañana y siempre para encontrar la tan anhelada iluminación. 

aprendamos de los ratones


Siempre he pensado que son más inteligentes los ratones de laboratorio, que después de un acertado error, aprenden a no electrocutarse por tomar lo que creen suyo. Nosotros por el contrario, nos reímos cuando vemos a las polillas entorpecidas chocar una y otra vez contra la ventana o quemarse por completo con una vela, sin darnos cuenta por supuesto, que nosotros hacemos lo mismo una y otra vez pero con nuestros errores y fallidas decisiones.

Nos sorprendemos de lo sorpresiva que es la muerte y se nos erizan los pelos de la nuca cuando se lleva a alguien de forma prematura y sin previo aviso; sin embargo, humanamente claudicamos en nuestro asombro y posible aprendizaje, cuando después de todo y pese a todo, luego del miedo esfumado que calaba nuestros huesos, prendemos como si nada un cigarro de excesos  y abrimos nuevamente una botella de bohemia, volvemos a perdernos en la ridiculez de la rutina y a creernos como siempre inmortales.

Creo que es hora de un cambio, creo que es hora por fin, de empezar a aprender de los ratones.