Es difícil escribir cuando los
sentimientos te han formado un nudo que no puedes desamarrar, cuando la noticia
de tu partida agarra de tal forma que te ha dejado mudo del habla y falto de
letras, cuando a pesar de saber que necesitabas ya un descanso, hoy tu cuerpo,
tu voz y tu esencia nos hace falta de una manera como cuando extrañamos los
primeros rayos del sol cuando llega el invierno.
Pero eso no significa el hecho básico
de decirte gracias, por la familia que se hizo a partir de ti, por la sangre
tuya que recorre también nuestras venas, por las cosas que nos enseñaste y nos
dabas de probar, por el saber que detrás de una mujer estricta también había una
persona con cariño y oraciones ilimitadas para con sus nietos, para con sus
nueras y para con sus hijos.
Ahora perteneces al cielo y la
libertar y la paz te tienen de sus manos, estas con los que siempre te amaron y
extrañaste, mirándonos tal vez sonriendo preguntándote por que lloramos si
estas mucho mejor que nosotros, tal vez mirándonos con la paciencia que te
caracterizaba pensando en el día en que todos nos reunamos de nuevo y nos
regales como siempre esa carcajada ronca que nos encantaba.
Hasta siempre Josefina