Sobre las gatas y otros demonios

Si algo se (en mi corta, pero agitada vida amorosa) ha sido reconocer a una gata cuando esta al acecho, y no es que me gusten los dichosos felinos; famosos por el ronroneo y su caca que enferma. Si no más bien por esas féminas que hacen el honor de representar de la mejor forma las cualidades de tan dichoso animal carente de afectos continuos.

Estas mujeres buscan el cariño de manera cautelosa, de a ratos, cuando sus necesidades afloran como los pitos de los carros cuando alumbra el amarillo de los semáforos, acuden cuando solamente necesitan saciar sus necesidades sexo-sentimentales, dejando de lado casi siempre la invocación cuando uno las necesita de la misma forma. Estas mujeres con afectos capitulados, casi siempre son de físico agraciado y saben hacer buen uso de ello; así que un pobre mundano puede perfectamente caer sin darse cuenta en el juego monopolizado del querer, caído en el letargo de amar sin ser amado, esperando patéticamente que llegue la hora de verla sin tener poder alguno sobre su llegada.

Si ese es su caso, y aun no ha entregado su corazón, salga lo antes posible por cualquier salida de emergencia; pero si ya ese demonio ha calado hasta en sus tripas, empiece por buscar rápidamente un gurú o un cura que empiece con el proceso de exorcismo que es largo y doloroso en este caso, dejando tal vez cicatrices de por vida y un hueco en el corazón con ecos de recuerdo que le amarguen cualquier tipo de comida durante un largo largo tiempo.

10:42_PM

Exactamente a las 10 y 42 minutos, las gotas se mantuvieron estáticas, esa lluvia que tanto se había enmarañado en ahogarnos de alguna forma violenta se había detenido; el viento se enmudeció al igual que el caos en la avenida.

De pronto, lo que nos preocupaba de alguna forma quedó sobre la mesa, a lado mismo de nuestras bebidas, nuestros nervios y las llaves de tu casa; solo la intranquilidad de no dejar de mirarte para calcar de la mejor forma ese pequeño momento, tu aroma, tu mirada y tu calor, se hacía presente a lado de las pequeñas luces que se habían quedado tatuadas sobre tu mejilla.


Todo fue una finita pausa lograda por tan solo un beso de nuestros cuerpos, que hizo de alguna forma inmediata de que el mundo dejara de girar y morir, justamente, para vernos como deteníamos el tiempo con tan solo unir nuestros labios.

pausa

De repente encontré todo del modo como lo había dejado; las mismas calles, la lluvia y las facciones de la gente. De un modo sutil presentía cada movimiento anticipadamente, cada paso o bocinazo a mí alrededor. Exactamente cuando vi las luces correr entre la ventana del auto, los recuerdos dejaron de estar en pausa y volviste de repente sin ser bienvenida ¿Que carajos importa ya invocarte de nuevo sin que vengas, si lo que realmente me calma es volver a respirar el aire que me enseño todo?

vuelvo ahora a caminar por la hierba y el asfalto y sentir nuevamente las voces como mías… estoy en casa.

típicos-atípicos

El típico fulano se reunía con su típica fulana; acompañado de su típico beso de bienvenida y luego del mismo paseo al parque con su infaltable helado sabor a mandarina.

La típica fulana lo recibía con la típica y forzada  cara de asombro, con un dolor futuro de sus no tan dulcísimos pies y con unas ganas empalagosas de no comer esa mismísima rutina.

Por fin después de un mayo lluvioso y lleno de transeúntes sin nombre,  llegarían a la inteligente conclusión, que su típico amor, cargado y relleno de rutina; no tenía que ver nada con asuntos de amor, y que más bien, solo era una costumbre bien amada lo que los unía.

Así que el, de ahora en adelante, se dedica a marcar los días en que sus ojos ya no la han mirado por esas grandes y olvidadas calles escasas de besos. Y ella, a tratar de olvidar ese maldito sabor a mandarina que junto a él, sabia solo a costumbre, y ahora, a solo una infinita soledad con pasas. 

cobarde


Su silencio es el encargado de que sus palabras no delaten a ese desgastado corazón. Porque claro, ella piensa como pocas (o muchas), que a veces hay que callar para que la ilusión siga viva y no que sea en el mejor de los casos, carcomida por respuestas antropófagas.
Porque a este tipo de personas, casi siempre les gana el lado cobarde que los protege de futuros atentados de lesa humanidad y obvio, porque para aquellas personas como aquella sutil cobarde masacrada por los hechos del ayer, es casi siempre mejor quedarse  en ese rinconcito de la palabra no dicha, engrandeciendo una esperanza, así le digan mustia o pávida de mierda, y no como siempre, recogiendo nuevamente su corazón del piso.

ilus(i)o-nes

Estando frente a su casa, solo, taciturno; con esa canción tan llena de recuerdos tarareándose en mi cabeza, con esa botella de vino casi vacía de esperanzas y con esa mirada perdida tratando de encontrar algún eco suyo en los semáforos...se puede entender perfectamente que la soledad es tan mala terapeuta así como el arribo de ti, una agonizante esperanza que se va extinguiendo como el cigarrillo que se va consumiendo en mi boca.

de golpes malos y contraindicaciones positivas

Si usted se ha dado cuenta de que su amor o lo que cree serlo, le ha surgido tan espontáneamente como el moho detrás de las cortinas, como la típica telaraña en el viejo álbum de los panchos de su viejo o simplemente como el suspiro imprevisto que sale después de un adiós cuando se dijo mucho y se esperó poco… no se asuste.

Si es que esa sensación le ha llegado directico al alma, casi como con un tino de arquero olímpico o de esos que se entrenan en Zimbabue para cazar micos asesinos o con rabia; si lo siente también como un contundente gancho directo a la quijada, como el de esos carniceros de dos metros de los viernes de boxeo en HBO; solo que a pesar de dejarle  las mismas dolencias, usted lo recibe con gusto y con una sonrisa de bobo que lo deja babeando por toda la ciudad. Tranquilo.

Si además de eso también le trajo consecuencias más graves como de georeferencia, y le preocupa andar despegado del piso 25 centímetros cada vez que se hable con el otro y tropezar siempre en la escalera por no estar acostumbrado a empezar a subir por el segundo escalón y para rematar, que en su panza se genere una fiesta de mariposas y viseras cuando ve a su par simplemente sonreír y no sea claro por efectos simples y reales como la  típica y sufrida intolerancia a la lactosa. Si esto también se acompaña de sudoración excesiva, taquicardias cumbiamberas, ansiedades carnívoras, muertes y resucitaciones, todo eso en el segundo exacto en el que esta con esa persona o todo cuando en un minuto de espera o ausencia se le convierte en un credo o rosario de domingo a las 6 de la mañana. No se preocupe.

Pero si le llegó con cierto grado de injusticia, con pequeños grados de desfase, en momentos distintos que pueden o no convertirse en amores o anhelos distintos, en ilusiones que pueden tal vez concretarse  en idealizaciones baldías que terminan en choques rompe-parabrisas, con dislocaciones femorales, mentales y anímicas, como en palabras y promesas que pueden romperse al menor tacto por ayuda de fantasmas que no se quieren o se pueden dejar de lado. Tenga ahí entonces cuidado; porque puede padecer de una contundente Fulanitis severa o de una rara menganitis aguda, que puede generarle una seria hipermetropía para poder tomar decisiones correctas, dejándolo totalmente ciego y sumido en una deshidratación de tiempo donde solo queda lamentarse por el deber no cumplido, con un corazón sin seguro médico para ser recompuesto y con la única certeza de que hay que estar preparado para la etapa de duelo que prematuramente puede tocar a su puerta.

de ausencias e indiferencias

Cuando la fulana está lejos; no se hace otra cosa que alentarse a uno mismo de la única forma ridículamente aceptable en que se puede: pensar en que los días serán cada vez más cortos mientras se pierde el tiempo leyendo por fin esas revistas que para lo único que han servido es para aplanar las arrugadas camisetas debido a las fallas en la plancha o para calmar las ganas cuando son de las que los tipos ven pero nunca leen. El tiempo puede que pase lento y las ansiedades se coman hasta el colon, pero siempre queda la esperanza de que en ese mañana lejano por fin calmaran mutuas necesidades de afecto sentimental y táctil, obvio, si es que esas esperanzas no son afectadas por terceros con cuartos.

En cambio cuando la indiferencia de la cercana llega, es en el instante mismo en el que descubres tu patética cara frente al espejo, no dejas de sentirte desgraciado y con una autoestima que se aloja rápidamente en el subterráneo, donde te hace llorar una canción de Yuri en mayas y ochentera hasta el  último hit de “Hoi tho lui tan” (un grupo vietnamita de metal progresivo). Es entonces cuando se actúa desesperadamente y puedes ir desde suplicar a los amigos doctores para que te receten inescrupulosamente somníferos para tratar de aniquilar de alguna forma ese insomnio de no verla hasta de algún modo prematuro creer en Buda, Krishna, Mahoma, Jesús o Chuck Norris para pedirles a todos juntos que al menos te manden una ayudita divina o al menos su nuevo número de celular. Son segundos que duran horas y horas que duran días donde da igual estar en un parque de diversiones que en una funeraria, el alcohol sirve como siempre, pero como siempre al final resulta siendo detonante para recordar más que para simple herramienta de evasión terrenal. Te quedas inmensamente esperando la nada sin esperanzas de ella ni de terceros, esperando que por fin pase todo y que no llegue una cirrosis antes que una nueva oportunidad.

Es cierto, la ausencia puede doler, pero no mata como la indiferencia.

de invasiones anacrónicas

Es imposible resistirse a una fémina cuando sin pena y con gloria nos invade de pronto cada rincón de nuestras esquinas; cada alveolo, cada célula y personalidades múltiples que poseemos. Cuando de un modo imprevisto y después de un whiskey o un mojito mal preparado (o bueno, no nos hagamos los mojigatos) y después de varios tragos o pocas cosas ilegales se logra calar entre los ventrículos o los testículos: con una apariencia de emperatriz, de amor de la vida, dominatriz o de mujer decentemente aceptable por los efectos del alcohol y una buena charla ¿Cómo no alojar entonces de alguna forma en nuestros adentros a tan divino virus? así sea por una hora, una noche o una eternidad. Así sea como un infinito augurio bienvenido, así se adueñe a la fuerza del cerrojo de las puertas del olvido y de tu closet o tan solo si logra darle un puntapié a lo Daniel San en las gónadas a la soledad por una noche. Todos estamos de acuerdo que vale la pena sudarse la camiseta por ese momento inespecífico e incalculable de compañía.
Tal vez con el tiempo ni se llegue a recordar la más mínima inicial de aquel nombre, el lugar donde se la conoció, el color de sus ojos o el sabor de sus senos; pero si quedará seguramente en algún rincón de la memoria que en su presente pasado fue como muchas o pocas… una esperanza desconocida de lo que cada hombre busca.