memorias de un can en retiro


Sin mucho orgullo disponible en mis bolsillos para estos casos, solo me resta presentar disculpas a todas las ilusiones y amores que fueron pisoteados, dejados a su suerte o dados completamente de baja; ya haya sido por hacer mal uso del ADN, la picardía o de la coquetería gramatical cuando mi soledad no compatibilizaba bien con mi cordura.

Es verdad que en la poca vida recorrida y más explícitamente en la última década recordada, no fue la monogamia una de mis mejores virtudes; el ilusionar a ciegas y cautas fue el mejor deporte a practicar cuando era una mejor opción que prestarle atención a mi cerebro que se iba resquebrajando de a pocos. No obstante, aunque ese camino de inconstancias pario varias historias con versos y  estrofas para hacerlas más creíbles, muchas de esas letras bonitas nacieron con un rastro de heridas tristes con nombres propios como Zutana y Mengana.

Sin muchas razones disponibles en mi nochero, solo me queda agradecer por esas historias que tuvieron mejor final en el papel, y decirles que para su salud mental y alivio personal, así como yo, también hubo gatas que me hicieron deglutir literalmente su boñiga.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

No eres el único ... atod@s nos ha pasado lo mismo, tan sólo que tú tienes las agallas de pedir disculpas, es un acto de caballeros.

Jenny dijo...

suele pasar.

Luna Gorbachev dijo...

y es ahí cuando las gaticas cobran lo que las Menganas no.

Y a las Zutanas nos cobran los perrunchos lo que los Perencejos no!

Que lío pero...¿si tiene final feliz?

Anónimo dijo...

el perro nace, vive y muere perro

Anónimo dijo...

mmm al contrario del anónimo anterior, creo que la gente la cambia el amor, o encontrar lo que siempre busco.

que seria de la humanidad sin la esperanza en su propia raza

Lungucho