Antonieta y Eusebio


No importa la hora, no puede sacarla de su cabeza, de su sexo o falanges atrofiadas; se le ha metido en cada pensamiento de sus días y de sus noches, algo así como ese estribillo que las grandes casas musicales fabrican para que no te abandonen por un buen tiempo.

Es inevitable no tratar de soñarla, así lo haya logrado solo en un 0.23 por ciento de los casos, igual, que importa si antes de dormir puede armar cualquier tipo de historia juntos, cada una mejor que la otra, eso sí; con huidas de estas tierras grises, con nuevos rumbos mundanos y astrales, pero siempre desenlazándose desnudos en alguna cama del mundo.

A Eusebio se le va la vida entera pensando en Antonieta, se le va también la hora del almuerzo, del trabajo y del sueño inventando posibles aventuras; se le va también el bus del paradero, las citas impuestas por su evadida y vecina Raquel Buenaventura, así como el poco tiempo que tiene para agradecer a su Dios por las cosas entregadas. 

A Eusebio se le va su tiempo sin saber que tanta invención y espera es en balde, no obstante, sigue a la espera de que algún día pueda llegar a besar físicamente a Antonieta; así, tal cual como ella, espera lo mismo cada dia al ver pasar a esa persona indiferente y hermosa por calle Bandera, llamada justamente, Raquel Buenaventura.