sobre las soledades

A veces uno se da cuenta de que la soledad es sinónimo de buscar un buen sitió tras un árbol para leer un libro dilatado por meses o de sentarte horas a desgastar tus falanges escribiendo nada más que para legiones de ácaros, dos cojines y tu eco.

De que esa canción que siempre te fue indiferente esa noche la escuches de un modo imprevisto a causa de la combinación de smog y nicotina quizá; logrando que de una forma mágica o patética se cale hasta en tus viseras mientras la tarareas en cada pausa de copa vacía.

A veces esa soledad pude ser sinónimo de exceso de tiempo para gastarlo al por mayor con uno mismo; ya sea en clases de yoga, visitas de mas a la abuela o de profunda observación a la vida de otros; eso claro, sin ningún tipo de mejoramiento físico, económico o espiritual.

De un silencio sepulcral que puede hacerte perfectamente escuchar como tu sangre recorre tu cuerpo y la bisagra oxidada de tus ojos o tu duodeno al cerrarse cuando despiden lágrimas y mierda respectiva mente.

A veces uno se da cuenta de que la soledad es sinónimo de esperanzas baldías, de viejas casas abandonadas, de preguntas con miopes respuestas, de pobres pueblos fantasmas sin ningún tipo de fantasmas.

O en un caso más acorde con la informática ya que se está leyendo un blog… de que te hayan mandando a papelera de reciclaje para luego.