Siempre he pensado que es preferible el abrazo corpóreo de un buen amigo al orgullo de tener más de tres mil followers autistas. En qué momento dejamos basar nuestra vida social al creer que tenemos más amigos que dedos gracias a Facebook. De qué manera empezamos a dejar de lado el verdadero placer del “touch” en una piel cercana por la manía de hacer lo mismo pero en un dispositivo pagado a cuotas cada tres segundos.
Sea donde sea que nos lleve esta tecnología, entendamos que Internet es solo un medio “para”; y no para terminar siendo solo una puta caja expendedora de dinero; un mero anexo de carne y vísceras de una computadora que le basta con corazones hechos con caracteres y “likes” en una página popular para pixelar una sonrisa.