cuando el día nos espute

Qué pasa cuando los entusiasmos se te van sin permiso al cementerio, cuando las esperanzas te dejaron completamente solo en la parada del bus, cuando el optimismo no es nada más que un parche sin pegamento a punto de caerse de tu camisa; cuando simplemente te quedaba un despojo de alegría y el mundo te lo acaba de arrebatar con un jab directo en la ingle.
¿Qué hacer en esos días cuando la vida te sabe a zanahorias guisadas, cuando tus días son siglos en el oscurantismo o en la casa de tu suegra, cuando se te acaba el lapsus efectivo de los tres puntos suspensivos y tienes que hacer algo inmediatamente para no tener que saltar al vacío?
¿Qué hacer cuando te das cuenta de que no hay un Buda, un Superman, un Jesucristo o un Krishna que te ayude? ¿Cuando los sueños que imaginaste en tu cabeza antes de dormir, al día siguiente son solo un cuento bien armado que se fue a la mierda con las primeras palabras de tu jefe, de tu padre o del que creías tu amor eterno?
Pues primero estimado lector, nunca compre un libro de Walter Riso, ni mucho menos pecar con uno de Paulo Coelho. Más bien opte por comer dos kilos de chocolate o tomarse esa botella de ron añejo que venden en la esquina, cómase esa hamburguesa toxica de tres pisos del anuncio y… ¡ah! invoque al poder de los huevos con que están hechos los 15 jugadores de la selección de Rugby de Australia. Eso ultimo, para poder soportar las horas que le restan al día de mierda que le toco; ya que siempre al siguiente, así sea con caña, hachazo o guayabo, siempre todo será mejor.
(por cierto, y esto es lo mas importante de todo, nunca le haga caso a un escritor de un blog de divagaciones urbanas que podria estar peor que usted. Salud)



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fantasmas en el ático

Están los que aparecen sin molestar, solo como una sombra que se podría confundir perfectamente con la de tu abrigo o el mueble de tu cuarto. Están los que te susurran al odio sus penas y el dolor dejado en vida, aquellos ecos lúgubres que quieren ser escuchados pero que carecen de todo tipo de aliento para hacerse entender.
Existen también los grises, los que ves o no asecharte en la noche, los que te despiertan escalofríos y unos miedos de más en las tripas. Esos que malintencionadamente te mueven el escaparate y el pánico, esos que podrías confundir con un vivo en la calle, el edificio o el pasillo; pero que simplemente ya están muertos, carentes de todo tipo de coraza corpórea y pudriéndose en algún lugar debajo de la tierra.
Pero existen algunos fantasmas peores, de esos que usted y yo conocemos y que sabemos que tienen todavía pulso, nombre y sangre en sus miembros; esos espectros que se esconden en nuestra memoria como mero sinónimo de algo quedado a medias, de una huella en el arrepentimiento, de un perdón no dado o simplemente de un amor no correspondido que quedo penando en su ático.
Se dice que estos últimos andarán siempre en el limbo como un muerto que le llego la muerte temprana por mero capricho de un Dios o un destino; eso, hasta que usted por fin se exorcice de ese mal pasado ectoplasmático, mire adelante sin espejismos y pase completamente a la próxima hoja donde de verdad comenzará su vida, sin ningún tipo de muertos vivientes.

Karma

Siempre llegas inesperadamente, como esa lluvia que te abraza a medio camino, como la sorpresa de la muerte prematura que no regala prólogos o como esa visita que te agarra con los pantalones extraviados y con los ánimos en el subterráneo o de día lunes en la mañana.
Es verdad que hace mucho te desprendiste de mi vida táctil, de la forma audible y del hartazgo de la rutina, es ineludible que te dejé de todas las maneras corpóreas a la orilla del olvido, más allá del allá, en ese puestecito donde todos queremos mandar a quien ya no nos sirve y que curiosamente llamamos mierda.
Mas sin embargo debo reconocer que siempre serás ese fantasma que deambula entre mis sueños y mi pasado, como esa eterna y final bocanada de aire de un moribundo, como ese eco funerario que va perdiendo su sabor cada vez que regresa del olvido, pero que vuelve, pero que siempre vuelve.

Sobre desamores y otras mierdas

Cuando el buen o mal amor lo ha abandonado e ineludiblemente usted es de los que automáticamente jura y perjura que está mucho mejor así que acompañado y se enmarca en una ridícula y mal hecha sonrisa que a duras penas se dibuja en su rostro; tenga cuidado.
Si usted está en el estado de que “toda micro le sirve” (frase chilena para describir que se puede coger a todo ser vivo (unicelular o pluricelular) que se le atraviese por desamor), no se queje si amanece a lado de minotauros, medusas, momias o alguno que otro muerto viviente que solo sirvió para hacerlo sentir más miserable; deseando al final, una de esas camas inexistentes que teletransportan al exilio al compañero de al lado o a su propio arrepentimiento que se le desborda por los cachetes.
Por eso, ya sea que la otra persona, usted o los dos sean los difuntos del cuento, es preciso tomarse un tiempo de respiro, donde usted vista realmente el disfraz de luto así le duela y le entalle; ya que siempre el amor perdido se olvida con el correr del tiempo, pero también, con lagrimas derramadas con carácter y exfoliando los verdaderos sentimientos sin creerse el Omnipotente.

De desamores e indiferencias omnipotentes

No puedo negar que intenté hasta el último momento conquistarte, pero siempre y como siempre me quede con tu indiferencia, con esa forma de silencio que de alguna forma me hacia esperar más de ti y que siempre me hacia terminar solo conmigo, viendo a las calles vacías sin respuestas y enmarañadas de sombras y de nada.
Podría jurar que traté hasta el último día de comprender tu silencio, muchas veces me quede esperándote a las afueras del paradero con la lluvia hasta el cogote, en el restaurante con la mesa servida, arrodillado esperando a que me ilumines la mirada, pero como siempre mandaste tu vacio inmortal  como respuesta, tu simple y universal respuesta de un corto eco sin voz ni hecho que nunca dijo nada.
Es por eso que hoy y desde el momento en que te dije adiós, es que vivo mas tranquilo y sin ilusiones baldías, buscando como siempre en otras partes lo que nunca recibí de ti. Tal vez lo encuentre por ahí entre la calle 8va con 69 o simplemente, me de cuenta que igual que tu "Nazareno" todos los amores Divinos son totalmente mal pagados.