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sobre idiotas inmortales


Miro con cierta antipatía al joven que fui, a esa persona que desbordaba nostalgias, bohemias y depresiones por los huesos, los pizarrones y el asfalto que pisaba.  Que escribía con cierto grado de patética pena cada acontecimiento que nunca fue para mayores, del que sufrió sin sufrimiento, adrede, contra natura, lamentando su existir por cuestiones de desamor y pena auto infringida.

Es verdad que los años nos dan cierta claridad de la realidad y criterio de lo pendejos y ciegos que fuimos al ahogarnos en charcos y por renacuajos de paso, pero a decir verdad, aunque hubiera podido ver desde el principio, debo reconocer que me gustaba caminar a tientas, mutilando a mi colon y sembrando fantasmas en mi cabeza que lograban escribir más de un verso a la madrugada.

Exorcicé con cierto alivio al idiota que fui, a ese que murió de pronto en el optimismo bienaventurado, a ese que dejo de ser peso para mi ansiedad y mi sistema digestivo, a ese que agradablemente expectore a tiempo por mis poros antes de la demencia. A ese que lamentablemente reencarno en mi hermana menor, hasta nuevo aviso.

aprendamos de los ratones


Siempre he pensado que son más inteligentes los ratones de laboratorio, que después de un acertado error, aprenden a no electrocutarse por tomar lo que creen suyo. Nosotros por el contrario, nos reímos cuando vemos a las polillas entorpecidas chocar una y otra vez contra la ventana o quemarse por completo con una vela, sin darnos cuenta por supuesto, que nosotros hacemos lo mismo una y otra vez pero con nuestros errores y fallidas decisiones.

Nos sorprendemos de lo sorpresiva que es la muerte y se nos erizan los pelos de la nuca cuando se lleva a alguien de forma prematura y sin previo aviso; sin embargo, humanamente claudicamos en nuestro asombro y posible aprendizaje, cuando después de todo y pese a todo, luego del miedo esfumado que calaba nuestros huesos, prendemos como si nada un cigarro de excesos  y abrimos nuevamente una botella de bohemia, volvemos a perdernos en la ridiculez de la rutina y a creernos como siempre inmortales.

Creo que es hora de un cambio, creo que es hora por fin, de empezar a aprender de los ratones.