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aprendamos de los ratones


Siempre he pensado que son más inteligentes los ratones de laboratorio, que después de un acertado error, aprenden a no electrocutarse por tomar lo que creen suyo. Nosotros por el contrario, nos reímos cuando vemos a las polillas entorpecidas chocar una y otra vez contra la ventana o quemarse por completo con una vela, sin darnos cuenta por supuesto, que nosotros hacemos lo mismo una y otra vez pero con nuestros errores y fallidas decisiones.

Nos sorprendemos de lo sorpresiva que es la muerte y se nos erizan los pelos de la nuca cuando se lleva a alguien de forma prematura y sin previo aviso; sin embargo, humanamente claudicamos en nuestro asombro y posible aprendizaje, cuando después de todo y pese a todo, luego del miedo esfumado que calaba nuestros huesos, prendemos como si nada un cigarro de excesos  y abrimos nuevamente una botella de bohemia, volvemos a perdernos en la ridiculez de la rutina y a creernos como siempre inmortales.

Creo que es hora de un cambio, creo que es hora por fin, de empezar a aprender de los ratones.

Todo era mas fácil

Me acuerdo cuando era un adolecente mutante (un poco más que como las pintaban a las Tortugas Ninja en los 90’tas) y era un poco más atrayente, sin moral alguna, empezando a adorar el alcohol, las mujeres y a disfrutar ver las peleas absurdas de mis amigos gracias a las hormonas. 

Tengo que reconocer que siempre andaba sin un peso, con los calzones rotos y la mayoría de las medias en estado crítico, así que debía tener siempre cuidado al visitar a mis conquistas, exactamente, a la hora de desprendernos de nuestras investiduras. No me arrepiento de todas las faltas a los 10 mandamientos, las herejías y los excesos logrados a mi temprana edad, de la poligamia, del divorcio temprano con la iglesia y el completo y promiscuo odio por los colegios atendidos por los Maristas.

fue un periodo de búsqueda y perdida, de definiciones y exorcismos; todo era más fácil con Nirvana, los Smashing y la inexistencia del Partido de la U y Facebook.
De aquel joven ya casi no queda nada más que el niño que se mantuvo hasta ahora, el Atari, las nuevos viejos calzones rotos y esas ganas locas de poder derrotar siempre a esa soledad que me acompaño desde siempre.