todos somos iguales


Patas en vez de pies, callejero en vez de errante; hasta donde nos diferenciamos usted y yo, si veo que respiramos el mismo aire y siento igual que usted cuando una pelirroja anda apurada y nos pisa alguna una extremidad.

El amor lo dejo como muchos en cada esquina, lo recojo en cada caricia o roce indirecto con cualquier extraño ¿a quién seguiré hoy y hasta dónde? ¿En qué momento me cerraran la próxima puerta para no pasar a donde está el abrigo?

No nací querido, ni con dueño, ni con comida baja en grasa para que mi mierda no huela a mierda. No nací afortunado como muchos, pero crecí en el planeta que usted también pisa, nací aquí y aquí moriré.

Si usted me ve diferente o me ignora porque me cree menos que usted amigo humano, sepa que al final terminaremos en el mismo lado donde nadie sabe dónde queda, pero se llega igual; allá mismo donde logro difícilmente olfatear los traseros de mis antepasados, allá mismo, donde todos nos llamamos simplemente difuntos.

tragicomedia


Soy un fantasma sin querer serlo, un muerto que murió sabiendo exactamente la hora de su partida, un eco que recorre las noches en busca de lo que ya poco recuerda. Creo que empecé a aparecer por estos pasillos hace 100 años fantasma y he visto pasar familias cercanas y lejanas, unas más alegres que otras, unas más muertas que vivas.

Camino sin pies por las solitarias habitaciones de la casa, me siento a ver por la ventana como pasean a los perros y a los niños en las tardes; Como extraño un buen café, una buena copa o simplemente el beso de buenas noches. ¿Donde estará mi amor perdido? me pregunto, porque no sé aun su paradero desde que me dejo por Humberto cuando mi país decidió por mí para ir a la guerra; no lo sé aun, desde que decidí abrir mis venas a la fuerza para preguntarle al Dios que aun no he visto, porque le gustan tanto las tragicomedias.