no hay final


Siento como se me adormecen mis pies, como la sensación se sube por mis manos queriendo desembocar en el pecho. Por la cantidad de sangre afuera de mi cuerpo estoy seguro de que no hay reabastecimiento que sirva. La ansiedad y la angustia que sentí en un principio, se ha transformado en un extraño alivio que me borra la dolorosa facción que traía en la cara. Empiezo a perder la noción de estar en esta dimensión, empiezo a asumir con toda certeza de que hoy dejaré este mundo mientras el poco atisbo de miedo que me queda se me va apagado con mi último respiro.


Se cierran mis ojos y puedo ver, veo el famoso túnel que todos los que alardean haber regresado de la muerte dicen haber visto. Camino por suelo que no toco, camino aun sin saber cómo ando si no puedo mover mis pies. Avanzo mientras recuerdo cada recuerdo como si fuera nuevamente vivido, evidenciando que al volverlo a repasar no volverá nunca más a albergarse en mi memoria.


Es evidente que se me ha reseteado todo lo vivido, continuo invadido por la emoción de llegar a la luz que empecé a seguir y que asumo como el fin.  Voy a pocos metros de llegar, antes de atravesar el albor me doy cuenta que no recuerdo quien soy ni que estoy haciendo aquí, solamente entiendo que estoy saliendo de entre las piernas de una mujer que hace poco empecé a amar y que me ha hospedado desde que llegue a este extraño lugar.  De un momento a otro me dan ganas de llorar y todo vuelve a comenzar.

Tarde


Vivo con mis mañas enmarañadas, mi gato y toda mi colección de música Soul. Hace 56 años que mis raíces andan empotradas a estos muros, 672 meses en donde pasaron también amores, sexo, errores y extremos; 245.265 días en que pasó de todo y solo se quedó la soledad en prenda.

No soportaría conocer a alguien. A estas alturas quien se sometería a cambiar lo bueno y lo malo ganado por algo de compañía. Volverme a habituar a otro personaje, no se me ocurre empezar a desempolvar mi tolerancia, ni tener que ceder un poco o mucho para que este departamento no se vuelva un campo de batalla.

Estoy completamente bien como estoy; no dependo de nadie, ni nadie depende de mí. Solo le hablo al señor Micifuz si me da ganas hablar, recibo respuestas si solo las quiero escuchar; como cuando quiero y cuando quiero hago alarde de este destierro aprobado.

Aunque no les puedo mentir, cuando esta soledad pesa, sobre todo los domingos sin sobremesa; es cuando cuesta un poco tratar de hacer flotar la alegría, cuando cuesta  no ver al infinito sin esperar por un momento a esa persona sin nombre y tal vez sin existencia.