matar en Otoño



Hay días en que la vida te sabe a mierda así aparezca un billete en algún lugar recóndito de tu bolsillo, así las calles se abran de piernas y de algo más para perderte en la ciudad, así tengas un beso de ida y otro mejor a tu llegada; así tengas todo lo que soñaste; hasta una buena tina caliente con gula de por medio.

Hay días en que la soledad de otros es tu misma tristeza, la muerte de los que no tuvieron que irse es tu propio corazón que no late y ese desamor del zutano de en frente de la calle, es tu mismo despecho que sale por tus ojos sin permiso.

Es nuestra naturaleza tener bajones del alma así lleguen un viernes 25 de mayo al medio día, así lleguen con las hojas rojas del otoño a desbaratarte las esperanzas, los sueños despierto y el escritorio donde trabajas. Es perfectamente humano querer matar al mundo un día cada dos meses, aun amándolo con todas tus fuerzas.

aviones de papel

Eso de decir que la guerra es la paz del futuro siempre me ha parecido la estupidez más grande señor don Silvio. Si usted lo cree tambien, dígaselo o hágaselo creer a las mamás de los 5 muertos que acaban de irse al cielo sin factura por el afán de una bomba sin sentido en Bogotá, a las esposas de los desaparecidos del Palacio de Justicia, a los prisioneros de guerra, a los niños mutilados y a los sobrinos de los miembros de la UP; dígaselo a mi tía o a su prima la de ojos verdes que perdió a su novio en algún lugar de la selva por allá en Nariño. Se lo digo con tanta certeza, porque lastimosamente a todos los colombianos nos ha tocado esta puta guerra por algún flanco; y  obvio, la muerte nos ha rozado de cerca más de lo que creemos o nos hemos dado cuenta.
Creemos que vivimos en la tierra prometida, en el mejor vividero del mundo, en el terruño que de viejos queremos ver justamente antes de soltar nuestro último suspiro de vida. Pero lamentablemente esta tierra aun está llena de escoria, de hombres y mujeres que ven a un norte podrido, de ideales que hacen ver a la vida como una cuota mas para ganar un poco de poder, de bestias inconscientes que apagan vidas por un celular que está de moda; o simplemente de ciudadanos rellenos de indiferencia, de esa maldita indiferencia que nos hace creer que todo está bien, que todo mejorará estando simplemente sentados viendo un Reality, de esa sabor a mierda que nos hace nuevamente sonreír al otro día como si nada, viendo nuevamente el futbol o las noticias del entretenimiento y gritando con orgullo de que somos sub campeones mundiales en hacer volar avioncitos de papel.


de esperas y otras torturas

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Ahora solo me queda esperar como augurio bienvenido, como el pasto sediento a la jornada de lluvias, como ese beso entre amantes pausado por la cautela; simplemente como el planeta tierra espera a la extinción de la humanidad para tomar un respiro.
¿Por qué siempre  al final tenemos que depender de la esperanza, de la buena onda, del Dios de turno o de alguna conspiración a nuestro favor por parte de algún foro de desocupados o sabios que manejan el universo?
¿Por qué la espera vale siempre por tres y siempre termina por volvernos prisioneros de guerra o simples locos ambulantes? ¿Por qué pese a todo lo dicho, la espera siempre será sinónimo de fe o esperanza camuflada en algún santo en el cual no se cree?
Será esperar invocando todas las ayudas posibles por una buena respuesta, así sea vendiendo el alma a San Euclides o al mejor farsante cienciólogo. El ciego que canta en la esquina de la calle Providencia con la Concepción siempre tendrá la razón: “A los incrédulos, por más que ladren, la Fe siempre terminará callándoles  la boca cuando la necesiten”