este día y en este lugar


Dicen que la magia solía cubrir los lúgubres andenes Santiaguinos,
esos repletos ahora de todo a luca y baratijas que se compran y se botan,
esos que alojan a personas sin facciones y propaganda de 50% off,
esos que se tiñen de murgas sin buenos días y perros sin hogar.

Dicen que todo tiempo pasado fue mejor aquí y donde se pregunte,
cuando mas preocupaba subir la Humanidad y no tanto el Producto Interno Bruto,
cuando importaba mas ayudar al ciego cantante de afuera del metro
y no tanto tener el ultimo celular que vomito el tan adictivo mercado comercial.

El mundo gira y muere en un eje de veganos y carnívoros que no dejan comer,
en donde los hinchas se matan por una pelota inerte que juega para cualquier bando,
en donde te pueden abandonar por pobre o porque no te importa ascender,
en donde solo basta una quiebra financiera  o amorosa para querer dejarlo.

Desde el ayer


Pasar de estado líquido a gaseoso, ser éter,
dejar de ser paradero, para empezar a ser un bus interurbano,
sentir que la mano, mi mano se duplicará cuando caiga,
que contaré con ojos a mis espaldas para derrotar soledades
o alguno que otro evangelista que acecha.

Dicen que emprender aquella aventura, no siempre resulta,
que puede ser lo mejor, lo peor y hasta dan algunos garantía extendida,
que importa las clausulas y la letra pequeña dicha por terceros,
cuando al fin lo que importa, es que tienes tu ticket de viaje en la mano.

Que vengan tiempos de guerra y de paz durante nuestra aventura,
que vengan  mas finales del mundo, jinetes y bestias de tres cabezas,
que llegue E.T y todos los marcianos a vaciar sus lásers contra nosotros,
que venga mañana el Alfa y el Omega, no importa, si estoy contigo desde el ayer.

Urbe


Sentir que la velocidad de la ciudad te atropella,
que te revuelca junto con la murga de gente que camina indiferente,
esa misma que ahora anda viendo más sus móviles que el propio camino,
que pasan pisando, sin tan siquiera regalar un saludo en lugares comunes.

Sentir amortiguado el cuerpo y los sentidos,
sabiendo que no son síntomas de amor por el prójimo o el cuadrúpedo,
alojando cada día más a la ansiedad como visitante no querido,
divisando cada día la llegada de una muerte temprana en la estación del metro.

Que será de los colapsados urbanos,
de los que la urgencia se los ha llevado a la mierda con calle dolores,
de aquellos que solo piden un oasis a dos cuadras de su casa,
aquellos que solo esperan la hora de salida, para regalarse un suspiro.

Que será de los jodidos urbanos,
de los que pasan la mitad de su jornada viviendo en un bus urbano,
combatiendo siempre por un centímetro cuadrado de espacio,
de los que llegan con 20 años de mas a sus casas,
implorando de que no llegue tan rápido y sin prisa, el día de mañana.

Inmortales


Desata la furia guardada y evítate una ulcera,
sacúdete de las energías del enfadado de enfrente,
rasúrate de los designios de un Dios que puede no quererte,
escápate y escóndete debajo de las veredas con tal de sonreír.

Si no te queda tiempo por laburo o cuestiones mas importantes,
déjame la vida, si, tu vida como en custodia,
yo me encargaré hasta de tener vigilancia al  pasar en luz verde,
me encargaré de cuidarla y barnizarla cada día como lo que más quiero que sea,
esa cosa intangible que toda la humanidad sueña y necesita por estos tiempos,
eso que los filósofos llamaron algún día, su propia alma.

Por eso pasa el resto de tu vida o de la mía, a mi lado,
encontrémonos día a día viéndonos morir viviendo,
démonos besos que sepan cada vez distinto hasta que nos separe la muerte
y nos encontremos luego en el mas allá, para callar a los inmortales.


a Mónica como siempre

Guerra


Sacudió como todas las mañanas las mismas sabanas agujereadas, se preparó el té y se hizo al andar con sus pies cuarteados por el polvo y la falta de atención a trivialidades femeninas. Vendió toda la carga de pan hecha en la madrugada, vendió su tiempo, sus sonrisas y las gotas de sudor que se metían entre sus arrugas prematuras. Ya había pasado su tiempo para hacer hijos, aunque con su trabajo no había tanto tiempo para pensar en ello, se lo recordaba de vez en cuando, el ver a tanto chiquillo jugar a la pelota en las calles polvorientas de su querida Jibaliya, se lo recordaba a veces al terminar el sexo con su adorado o tal vez, cuando sobraba en la mesa una pieza de pan que un tercero podría terminar con gusto y sin problema.

Ya era hora de partir al hogar y de empezar la cena para su visitante nocturno, cuando miró o creyó ver a su madre muerta sonreírle a un costado del puesto de enfrente, sintió como el escalofrió de lo inexplicable se le subía a los huesos y se le esparcía por el cuerpo y sus 20 dedos; retomó su regreso torpe, aun aturdida por la visión atribuida al sol que no distingue a locos y cuerdos, ese mismo que fue testigo del sonar de la alarma que se prendía sin tener en cuenta los sensibles sentidos de la mujer, sin tener en cuenta lo tardía de su llegada, sin tener en cuenta que no sirve de nada su grito cuando el cielo ya esta cargado de misiles de muerte que llegan y arrasan todo, que suprimen vidas, fantasmas y suspiros, que eliminan a niños y juegos de pelota; que borran recuerdos, citas y piezas de pan.