El futbol al igual que las relaciones personales, son tan inconstantes y variables que no me sorprende para nada que mañana estemos en un mundial a pesar de ser pésimos y no haber metido un solo gol en primera ronda o por ejemplo que mi amigo que recién se acaba de casar con una rubia hermosa, salte de la noche a la mañana al mercado homosexual y se enamore de su mejor amigo con el que vivía tiempo atrás en Londres.
Es que si algo me ha demostrado el Mundial, la Copa América y la vida, es que soy excelente para irle permanentemente al peor de cada partido, nunca atinarle a los equipos semifinalistas y a que de un 80% de los amoríos de mis amigos, a pesar de que duran hasta los tiempos suplementarios, siempre terminan siendo eliminados en segunda fase.
Creo que de ahora en adelante debería optar por mirar mejor el chessboxing y esperar a que termine para levantar la banderita.