hasta que la realidad los separe

Es obvio que si Romeo y Julieta hubieran sobrevivido, ya se habrían hastiado por lo menos una vez del otro. Romeo hubiera entrado en pánico por las pataletas y caprichos de ella en días de pago, Julieta ya sabría de la indiferencia de los domingos gracias a los deportes y a los “amigotes” por parte de él y ambos por supuesto, conocerían de antemano a lo que se enfrentarían cuando sus orgullos reales chocasen por saber quien tiene la razón por alguna pendejada.
Y es que el amor de novela solo dura un instante, un parpadeo, un minuto donde como juguete nuevo no vez mas allá del estrene, luego, viene una serie de pruebas que solo te nublan la mente para saber si es real, ilusión o si sales huyendo cobardemente por la puerta de atrás, si en realidad eres capaz de soportar lo malo por todo lo bueno o si es mejor llegar rápidamente a la ultima pagina y empezar a tener en mente como comenzar una nueva historia con una posible Rosaline.

Es posible si estos dos personajes hubieran continuado, Julieta algo rechoncha imaginaría cual sería su vida si se hubiera casado con el famoso caballero que su madre tanto le recomendó, tal vez no estaría cargando y alimentando a sus 8 retoños mientras hace aseo general sin la ayuda de su Romeo que prematuramente dejo su cabello y su galantería años atrás. El, posiblemente imaginaria cada noche cuando era el galán de galanes y todas suspiraban por un beso suyo, cuando una simple frase bien armada bastaba para sonrojar y tener feliz a su ya no tan amada mujer, cuando todo era más fácil y solo bastaba una ilusión para ser feliz.

Tal vez los dos murieran de viejos, añorando lo que fue su vida muchos años atrás, cuando eran capaces de morir por el prójimo, cuando eran capaces de dejar atrás su sangre y anexos para estar juntos, cuando por ese amor fugaz de novela shakespierana que los abandono hace mucho, tomaron la decisión prematura de amarse, hasta que la realidad los fue separando y empezaron a ser ellos mismos.

a un minuto de renunciar


Si dejo de escribir el mundo no se va a acabar, los pocos que me leen encontraran otra actividad más o menos lúdica por hacer y tal vez mi colon podría soportar la acumulación de sentimientos indigestos por lo menos dos años antes de exteriorizarlos en un cáncer. Tal vez encuentre otra forma de (re)enamorarte, de pronto aprendiendo la danza de cortejo del pájaro azul que salió en Natgeo, cocinándote esas alitas “a las no se qué” que tanto te gustan o tan solo recordando tender la cama o lavando los platos de vez en cuando.

Si dejo de divagar puede que a la muerte la tenga más de cerca, dejando de tener excusas para no llevarme prematuramente y mi ansiedad tal vez podría nuevamente acomodarse en mi hombro, mandando a la mierda toda la plata que gaste de más para disiparla; pero no nos digamos mentiras, la vida seguiría siendo la misma, usted tanto como yo seguiremos jodidos y radiantes en este mundo que gira y muere, gastando el tiempo que no tenemos en etiquetar amigos que nunca vemos en facebook y la plata que no tenemos en cosas que no necesitamos; seguiremos siendo los mismos no cabe duda, solo que yo más que usted, me sentiré un poco mas castrado cuando en vez de contarle lo que siento, me ponga a leer lo que otro “Huebon” peor que yo me quiera decir.

In-mortal

Como que me quede sentado en la pausa, en el sitio mismo donde el silencio se convierte en la nada, en donde la vida en su majestuoso hecho de ser, no es nada más que una invitación a estar del otro lado, en donde me pregunto y me respondo de mil maneras ¿Qué hubiera sido si…?
La bulla de la calle se ha convertido en murmullo, en ecos minúsculos que pasan inadvertidos, Buda y sus enseñanzas se han visto reducidos a minúsculos ladridos de perro y de pronto podría cambiar las 30 terapias de respiración  y yoga que gane por un simple trago de algo…
No crean que este escrito es uno de esos con sabor suicida, es solo que por hoy y solo por hoy (espero), olvidé el cómo se sigue en este juego absurdo de existir. 

sobre mi madre


Como que siempre uno se pregunta hasta donde es capaz de llegar por el otro, obvio, asumiendo como el otro, a la persona por la cual derrochas más que simpatía y un amor que se te sale hasta por las tripas. Un claro ejemplo de ello, es que mucho antes de conocer a Jesús o al menos todo lo que se dice de él; yo ya sabía quien había dado con pruebas reales hasta la vida y conocía de antemano lo que significaba el real sacrificio que implica anteponer la existencia por ese tipo de sentimientos.

Quiero dejar claro que no es el caricaturizado Che, ni mucho menos el joven baleado en la clásica escena de Platoon; de hecho, fue nadie más que Gloria mi madre; a la cual le estoy eternamente agradecido y por la cual hasta ahora espero no hacerla arrepentir de tan generoso intercambio.

La verdad es que pocas veces hablo de esto, es más, hasta lo evado; pero hoy amanecí pensando en ella, en su paradero, si reencarno en una vaca como lo pensaba de niño, en si es parte del infinito cosmos o si ya no queda partícula alguna a diferencia de lo estipulado por Einstein.  

Sé que mañana seguiré guardando toda esa gratitud en mi páncreas para no generar falsas lastimas,  preguntándome como casi siempre si seré capaz de hacer lo mismo que ella en mi momento y esperando a hablar de lo que nos paso solo hasta que salga nuevamente esta charla frente a terceros y me sea imposible desaparecer o presionar el botón de eject.

sobre las confiadas y otros cuentos


La seguridad que imparto, parece que es tan fuerte como la economía de Grecia, como la credibilidad de mi selección o las palabras de una tal Barack; mis acciones y actitudes demuestran lo que representa en la vida real un billete de Monopolio, un salario mínimo legal o un billón de Sucres Ecuatorianos.

Lo digo porque cada vez que maximizas algo mínimo o ves alguna alucinación que nadie ve; todo mi progreso se ve reducido a cero, transformándose de pronto en una nueva película con un guion bajo tu pluma de furia, en donde yo, claro, soy una especie de maquiavélico bipolar que puede hablar en doble léxico en las redes sociales sin ningún tipo de pudor y hasta dónde puedo amar seguramente (en tu cabeza) a tres bandas.

Estimados, nunca crean cuando una mujer dice que no es celosa, la verdad, esa afirmación es tan cierta como el fin del mundo en el 2012, la recuperación de la bolsa internacional a corto plazo y la salvación del planeta reciclando bolsitas o poniendo de moda el estreñimiento.

Sobreviví a un Apocalipsis

En esta semana que ha durado más o menos 10 días, en donde  he dado hasta lo que no tengo y mi tratamiento para lograr un colon menos deplorable se ha ido irónicamente a “la mierda”; me ha hecho dar cuenta de una cosa relevante y otras dos irrelevantes pero ciertas.
La primera, es que aun resisto los famosos trasnoches previos a la entrega de un proyecto sin perder mi correcta cordura de cabra y que el café, en cierta medida aun ayuda a enfocar el mínimo de energía que queda para finiquitar cualquier tarea (puede ir desde terminar un resumen ejecutivo, sonarse los mocos, hasta prepararse un té a media luz sin saber el paradero del endulzante).
La segunda, que debo volver al especialista para  reiniciar el tratamiento de rejuvenecimiento intestinal, envejecido prematuramente por las altas tensiones, estrés y sufrimientos frente a minúsculos y mayúsculos problemas laborales así como del alma.
Y la tercera y no menos importante, que gastamos más de la mitad de la vida encerrados en cuatro paredes llenas de cables y teclados, haciéndonos ciegos adrede, respirando el aire a veces denso de otros,  malgastando nuestras falanges y articulaciones, todo para poder pagar una renta, una crema de maní Calvé o simplemente una felicidad a plazos.
Disculpen si la presente entrada no es de su agrado y se siente sin ningún tipo de edición ni pulimiento, pero la verdad, es que esta misma, está escrita en piloto automático por un simio entrenado.


sobre idiotas inmortales


Miro con cierta antipatía al joven que fui, a esa persona que desbordaba nostalgias, bohemias y depresiones por los huesos, los pizarrones y el asfalto que pisaba.  Que escribía con cierto grado de patética pena cada acontecimiento que nunca fue para mayores, del que sufrió sin sufrimiento, adrede, contra natura, lamentando su existir por cuestiones de desamor y pena auto infringida.

Es verdad que los años nos dan cierta claridad de la realidad y criterio de lo pendejos y ciegos que fuimos al ahogarnos en charcos y por renacuajos de paso, pero a decir verdad, aunque hubiera podido ver desde el principio, debo reconocer que me gustaba caminar a tientas, mutilando a mi colon y sembrando fantasmas en mi cabeza que lograban escribir más de un verso a la madrugada.

Exorcicé con cierto alivio al idiota que fui, a ese que murió de pronto en el optimismo bienaventurado, a ese que dejo de ser peso para mi ansiedad y mi sistema digestivo, a ese que agradablemente expectore a tiempo por mis poros antes de la demencia. A ese que lamentablemente reencarno en mi hermana menor, hasta nuevo aviso.

sobre Zares, olvidos y paradas de autos


Así como nunca ganaré la lotería ni me curaré de mi compulsividad, así como Kosovo quedó sin su venganza y los Romanov sin un mísero descendiente para empeñar todos sus famosos huevos, también de alguna forma menos trascendente pero sinónima, como mi postergado acto de excomulgación frente a la iglesia o mis fallidos puntapiés en las gónadas a más de un amigo para que se despabile y empiece a vivir; debo decir que esa sensación de no haber tenido o tener, esa impresión de falta o falencia, se me ha agudizado por estos días, sobre todo cuando cruzo por el “STOP”  de mi esquina y me recuerda tu querida figura escuálida.

Y es que puedo decir que tengo la misma sensación del Zar de Rusia cuando mis manos quedaron sin tocarte, al igual que mi tacto sin percibir los causes que se crean cuando sonríes; quede sin saber de qué color es la parte de piel que no alcanzan a ver mis ojos y por supuesto del sabor de tu compañía en la real soledad de mi estado natural. 

Es verdad sobre la facilidad de poder patear a un cura para ganar mi "libertad escrita" de credo, pero al contrario de Kosovo que aun puede encontrar y torturar a los que la desangraron, yo, ya no tengo ninguna posibilidad de generar al menos una esperanza para fusilar esa indiferencia que me regalaste y poder luego morir dignamente.

aprendamos de los ratones


Siempre he pensado que son más inteligentes los ratones de laboratorio, que después de un acertado error, aprenden a no electrocutarse por tomar lo que creen suyo. Nosotros por el contrario, nos reímos cuando vemos a las polillas entorpecidas chocar una y otra vez contra la ventana o quemarse por completo con una vela, sin darnos cuenta por supuesto, que nosotros hacemos lo mismo una y otra vez pero con nuestros errores y fallidas decisiones.

Nos sorprendemos de lo sorpresiva que es la muerte y se nos erizan los pelos de la nuca cuando se lleva a alguien de forma prematura y sin previo aviso; sin embargo, humanamente claudicamos en nuestro asombro y posible aprendizaje, cuando después de todo y pese a todo, luego del miedo esfumado que calaba nuestros huesos, prendemos como si nada un cigarro de excesos  y abrimos nuevamente una botella de bohemia, volvemos a perdernos en la ridiculez de la rutina y a creernos como siempre inmortales.

Creo que es hora de un cambio, creo que es hora por fin, de empezar a aprender de los ratones.

balada para un recuerdo


Tantas cosas se quedaron sin decir desde el momento en que partiste de forma inesperada, no suelo recurrir a mi estado depresivo desde el Cipramil, pero me has hecho fatigar el alma mientras miro por la ventana la nieve que tanto quisiste ver; reconozco que a pesar de este momento incomodo tengo la doble posibilidad de encontrar una solución que de alguna forma carcoma la pena que se va congelando con el frio.

La primera responde al instinto primario de buscar una botella de vodka y fulminarla sin ningún tipo de rebaja, la segunda y sin ningún atisbo de esperanza por supuesto, el de salir a buscarte por estas calles albinas que se quedaron sin tus pasos, aunque no te encuentre.