Es obvio
que si Romeo y Julieta hubieran sobrevivido, ya se habrían hastiado por lo
menos una vez del otro. Romeo hubiera entrado en pánico por las pataletas y
caprichos de ella en días de pago, Julieta ya sabría de la indiferencia de los
domingos gracias a los deportes y a los “amigotes” por parte de él y
ambos por supuesto, conocerían de antemano a lo que se enfrentarían cuando
sus orgullos reales chocasen por saber quien tiene la razón por alguna
pendejada.
Y es que
el amor de novela solo dura un instante, un parpadeo, un minuto donde como
juguete nuevo no vez mas allá del estrene, luego, viene una serie de pruebas
que solo te nublan la mente para saber si es real, ilusión o si sales huyendo
cobardemente por la puerta de atrás, si en realidad eres capaz de soportar lo
malo por todo lo bueno o si es mejor llegar rápidamente a la ultima pagina y
empezar a tener en mente como comenzar una nueva historia con una posible
Rosaline.
Es
posible si estos dos personajes hubieran continuado, Julieta algo
rechoncha imaginaría cual sería su vida si se hubiera casado con el
famoso caballero que su madre tanto le recomendó, tal vez no estaría cargando y
alimentando a sus 8 retoños mientras hace aseo general sin la ayuda de su Romeo
que prematuramente dejo su cabello y su galantería años atrás. El, posiblemente
imaginaria cada noche cuando era el galán de galanes y todas suspiraban por un
beso suyo, cuando una simple frase bien armada bastaba para sonrojar y tener
feliz a su ya no tan amada mujer, cuando todo era más fácil y solo bastaba una
ilusión para ser feliz.
Tal vez
los dos murieran de viejos, añorando lo que fue su vida muchos años atrás,
cuando eran capaces de morir por el prójimo, cuando eran capaces de dejar
atrás su sangre y anexos para estar juntos, cuando por ese amor fugaz de novela
shakespierana que los abandono hace mucho, tomaron la decisión prematura de
amarse, hasta que la realidad los fue separando y empezaron a ser ellos mismos.