Poco recuerdo de esos días, pero por lo que me cuentan, sufrí mucho cuando lance a mi corta edad, a mi único perro por haberlo creído Kripto (el perro de Superboy) y haya muerto instantáneamente en la acera en vez de verlo flotar por los aires como me lo esperaba. De la misma forma y con más atisbos y dolor en mi recuerdo, de cómo me sentí al enterarme de que mi tío: el único niño grande que jugaba con nosotros, ya no estaría más en nuestro patio, así como luego todos los difuntos que lo siguieron y que llegaron a nuestra familia. Es verdad que de ahí en adelante fui perdiendo muchas cosas y personas que dejaron en mi, una serie de cicatrices, vacios y penas que a pesar de su grado asesino, han sido subsanadas y más aun, han sido aceptadas.
Podría decir que ayer, era perfectamente capaz de soportar la quiebra, la pérdida total o parcial de mi poca integridad mental, de poder soportar el ser picado y dado a los animales en vía de extinción para poder salvar al mundo o simplemente por complacer los antojos de unos pocos cerdos insatisfechos. Pero hoy y pocos minutos antes de sentir perderte, mi vida se vio completamente reducida a cero, mi ánimo bajó más allá del subterráneo o la ciudad de los hombres topo y mi poca cordura se alojo lejos de mi dejándome a la deriva y con una prisa de llegar lo más rápidamente hacia ti.
Porque podría perfectamente ser capaz de soportar la ausencia del mundo y todo lo que lo acoge y acogió, de un Dios o mil demonios que existen o que están solo en mi cabeza, pero soportar tu ausencia al menos en vida, sería una completa mentira o ilusa ilusión, al igual que pretender que los perros pueden también aprender volar.