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cada segundo

No puedo escapar del miedo por más que trato de refundirme en los rincones de mi casa; usted dirá que ya estoy bastante crecidito para parir miedos básicos, pero la verdad es que vaya uno a saber porque le temo tanto a la muerte, si ya tengo más de la mitad del promedio de vida gastada en un país sin garantías de llegar a viejo. Pero la verdad es que tengo miedo de dejar este mundo, a mi gente, a esta vida que tiene tantas vidas y tantas muertes juntas; tengo miedo a no escribir mi último cuento que será recordado o darle a Monica su último gran beso como Dios manda.


Que me dicen de no probar mi mejor café, ver ese paisaje que supera la imaginación o no alcanzar a leer toda la colección de Borges en el pasillo de mi casa en el mar que aun no tengo. Se que no llegaré a la mitad de mis pendientes, mucho menos de amarla tanto como le prometí el día en que me comprometí.  Lo cierto es que por cada segundo que esté en este mundo respirando el oxigeno que aun no han logrado privatizar, seguiré tratando de huirle a la muerte por cada callejón del viejo Santiago para pasar el tiempo con usted, solo con usted, privilegiándola siempre; así me pierda de probar el mejor café del mundo o de leer el último ensayo descubierto de mi autor preferido en mi hipotética casa en el mar.

no hay final


Siento como se me adormecen mis pies, como la sensación se sube por mis manos queriendo desembocar en el pecho. Por la cantidad de sangre afuera de mi cuerpo estoy seguro de que no hay reabastecimiento que sirva. La ansiedad y la angustia que sentí en un principio, se ha transformado en un extraño alivio que me borra la dolorosa facción que traía en la cara. Empiezo a perder la noción de estar en esta dimensión, empiezo a asumir con toda certeza de que hoy dejaré este mundo mientras el poco atisbo de miedo que me queda se me va apagado con mi último respiro.


Se cierran mis ojos y puedo ver, veo el famoso túnel que todos los que alardean haber regresado de la muerte dicen haber visto. Camino por suelo que no toco, camino aun sin saber cómo ando si no puedo mover mis pies. Avanzo mientras recuerdo cada recuerdo como si fuera nuevamente vivido, evidenciando que al volverlo a repasar no volverá nunca más a albergarse en mi memoria.


Es evidente que se me ha reseteado todo lo vivido, continuo invadido por la emoción de llegar a la luz que empecé a seguir y que asumo como el fin.  Voy a pocos metros de llegar, antes de atravesar el albor me doy cuenta que no recuerdo quien soy ni que estoy haciendo aquí, solamente entiendo que estoy saliendo de entre las piernas de una mujer que hace poco empecé a amar y que me ha hospedado desde que llegue a este extraño lugar.  De un momento a otro me dan ganas de llorar y todo vuelve a comenzar.

Guerra


Sacudió como todas las mañanas las mismas sabanas agujereadas, se preparó el té y se hizo al andar con sus pies cuarteados por el polvo y la falta de atención a trivialidades femeninas. Vendió toda la carga de pan hecha en la madrugada, vendió su tiempo, sus sonrisas y las gotas de sudor que se metían entre sus arrugas prematuras. Ya había pasado su tiempo para hacer hijos, aunque con su trabajo no había tanto tiempo para pensar en ello, se lo recordaba de vez en cuando, el ver a tanto chiquillo jugar a la pelota en las calles polvorientas de su querida Jibaliya, se lo recordaba a veces al terminar el sexo con su adorado o tal vez, cuando sobraba en la mesa una pieza de pan que un tercero podría terminar con gusto y sin problema.

Ya era hora de partir al hogar y de empezar la cena para su visitante nocturno, cuando miró o creyó ver a su madre muerta sonreírle a un costado del puesto de enfrente, sintió como el escalofrió de lo inexplicable se le subía a los huesos y se le esparcía por el cuerpo y sus 20 dedos; retomó su regreso torpe, aun aturdida por la visión atribuida al sol que no distingue a locos y cuerdos, ese mismo que fue testigo del sonar de la alarma que se prendía sin tener en cuenta los sensibles sentidos de la mujer, sin tener en cuenta lo tardía de su llegada, sin tener en cuenta que no sirve de nada su grito cuando el cielo ya esta cargado de misiles de muerte que llegan y arrasan todo, que suprimen vidas, fantasmas y suspiros, que eliminan a niños y juegos de pelota; que borran recuerdos, citas y piezas de pan.

entre calles soledad con angustias


Hace mucho que no la visitaban conocidos o extraños, era de esperarse, ya que el tiempo había dejado en ella esa vejez que deteriora y agrieta.  La soledad había terminado por borrar los recuerdos de los gritos y risas de los niños que alguna vez corrieron, que jugaron, que crecieron, que maduraron y se fueron dejándola sin ningún tipo de retorno, sin ningún tipo de esperanza mas que la idea de volverlos a ver antes de derrumbarse en el sueño de la muerte.

Desde hace mucho que las caras de los otros, de sus otros, se habían transformado en imágenes borrosas casi imperceptibles al invocarlas, solo la visita de algún fantasma perdido en la noche, cortaba el silencio que se arrinconaba siempre en los escondrijos de su ser. Ya no había nada porqué seguir en pie, porqué mantenerse erguida si ya nadie la hacia suya, si pasaba inadvertida por las personas que pasaban a su lado indiferentes y que antes hacían una pausa para contemplar su belleza.

De pronto sintió la lluvia que llegó de imprevisto como nunca, la sintió acariciar cada una de sus partes como jamás en sus 135 años de vida lo había hecho; la sintió en cada una de sus esquinas, de sus curvas y partes desmembradas, sintió que ese era su ultimo momento de jubilo, casi adivinando lo que se venia venir con el sonido de los relámpagos. Fue entonces que sintió el primer golpe que estremeció sus mas escondidos cimientos, fue testigo silencioso de cómo caía cada una de sus ventanas, sus muros superiores, como la abandonaba cada teja y ornamento que fueron parte vital de su pasado glorioso, se dio cuenta de que esa gran maquina amarilla que la había visitado por ultima vez, era con cada golpe dado, su verdugo y su salvador.

matar o morir


De pronto, escucho una algarabía al entrar, reconozco que había sido la primera vez que miraba tantos ojos apuntándome, tanto escándalo,  tanta emoción y sonrisas en las caras que me recibían con aplausos y trompetas. Debo reconocer que los nervios se me habían subido al lomo, pero que mal se puede esperar con tal recibimiento. No puedo negar la exaltación de mi cuerpo, la adrenalina que hace que recorra todo el lugar a un paso acelerado, aunque para serles sinceros, todavía no logro entender la triste mirada de mis amigos al despedirme, si esto es algo que comienzo a disfrutar hasta las entrañas.

El sol comienza a picar en mi piel, creo que es hora de dejar el lugar, sin embargo comienza un hombre a exaltarme, a seguirme, a estudiarme meticulosamente mientras intenta apuñalarme; no logro entender la acción del fulano, ya que nunca en mi joven vida lo había mirado, pero este jumento carece de entendimiento o razón y solo busca mi torso para perforarlo. Me desangro a causa de las heridas que ahora cuelgan en mi espalda, lo que había sido en primera instancia excitación y entusiasmo, ahora se ha convertido en ira, en una guerra que he logrado entender y que solo dejará a uno en pie en esto que ridículamente llamamos vida.

Por primera vez conozco a mi sangre que esta regada por todo el lugar, sé que no ha sido una pelea justa, más cuando un par de caballos insensibles se han unido a este combate que no pedí. Ridículamente la gente que observa, no ha cambiado su fachada de sonrisas a pesar de la barbarie, creo que ellos siempre han estado al tanto de lo que vine a hacer aquí. Los minutos se hacen horas, tan solo tengo energía para estar de pie o tan solo para regalarle al hombre que me apunta con su espada una ultima cornada, voy con todo mi ser hacia el idiota que alardea de todos sus ataques certeros con un "ole", creo que he visto su punto ciego, voy a matar o a morir.

S.O.S

Me siento como pequeño títere lisiado, como de esos con algunas cuerdas que ya no dependen de su manija. Y es que ahora cojeo por las calles que se han estirado de más, haciéndome caminar prolongadamente a los rincones que antes me parecían tan cercanos.

Soy un desconocido de mi mismo que intenta ubicarse, de encontrarse en ese camino lleno de mierda y de curvas que llamamos vida; en esta ciudad de cielos grises y personas sin saludos que llamamos Santiago; en este cuerpo aun sin nombre que se ha dejado invadir por la cordura, por los ramajes de la costumbre y por el miedo a la muerte que se me ha ido entrometiendo por los poros.
Creo que mañana presionaré totalmente el botón de emergencia, tomaré tu mano e iremos a toda prisa a la playa más lejana. Serás mía completamente de todas las formas posibles y mandaremos a los miedos y a las dudas en el primer bus de la mañana mientras me das de una vez por todas, ese beso infinito.

el Domingo, los difuntos y el café levantamuertos


Mientras la procrastinación de lunes me va consumiendo de la misma forma en que yo devoro las galletas que supuse eran light, me doy cuenta que la “Señora” Houston fue encontrada muerta en la bañera de un hotel en California, en ese preciso momento soy bombardeado en Facebook por grandes muestras de dolor, frases de aliento a la nada, y videos del único tema que gracias a ella y a una película se hizo famoso en estas tierras sudacas.
Ayer fue precisamente domingo y no la culpo, quien no ha sentido morirse un domingo solitario; días tan faltos de optimismo y tan llenos de silencio agrio. Hoy es lunes (sin gracias a Dios) y  como siempre este día también será funerario, de entierro; caracterizado por la acumulación de sueños no recuperados y de ojeras posfechadas, así tal cual y verídico como los homenajes siempre serán hipócritas y tardíos.
Sé que mañana millones se olvidaran de la muerta y pondrán en sus muros mas ridículos comentarios sobre el enfermo de turno o la campaña de moda, Yo solo me preocupare de comprar otra marca de galletas y decir en voz “de aire y hueso” que viva la cafeína colombiana mata letargos y los besos en vida y en primera persona

Muerte Inc.


Yo creo que la revolución es buena y tan necesaria como un inodoro tiene la válvula de descarga; así lo han demostrado fenómenos que han producido cambios BUENOS como los movimientos sociales en Medio Oriente, Los Indignados o los mismos estudiantiles en Chile o hasta en Colombia. Pero una cosa es ver y apoyar a la revolución tangible, con gritos y propuestas calmas en pro de una causa que logra metas concretas; y otra, apoyar agrupaciones en que dicha palabra solo sea la base de una organización que olvido por que luchaba en sus inicios, convirtiéndose solamente en una empresa narco asesina que solo le importa tener el poder a cambio de sangre, coca y bala.
En una parca con tarifa pre-pagada y sectorial,
En la principal razón de la selección no natural (biológicamente hablando) que ha logrado conquistar el mercado de ataúdes y crematorios en las regiones,
En el mayor motivo de viudas,  huérfanos y cojos desde aproximadamente 60 años,
Y claro, el principal aglutinador de juventudes ciegas, un poco más que usted y yo, que en vez de leer esto u otra pérdida de tiempo en otro lado, están con miedo recorriendo los montes y las angustias, pensando en si todo vale la pena por esos 2000 pesos y esa agua e’ panela, tan lejos de Lenin como de esa chica o chico que siempre les gusto.

Sé que es una contradicción impropia, y más de mí que cuido de la vida hasta en su más mínima expresión, pero a veces desearía poder acceder a tal famoso botón rojo y terminar con todos los hijos de puta.

(Entrada escrita en repudio a lo sucedido en Colombia cada día por grupos insurgentes en nombre de una revolución que tal vez existió)

Puesta en_escena

Cuando alguien muere te recuerda que no eres más que un suspiro o simple pestañeo en toda esta gran obra de teatro que llaman vida; yo por lo menos aun no se cual es mi papel y en qué momento entraré o saldré de escena; por lo pronto me acostumbro a disfrutar hasta de este aire con excesos de CO2, dormir plácidamente con el cantar de los buses que rebuznan por mi ventana y a tratar de ignorar esa loca locura que a veces se me asoma y me ínsita a claudicar.

Hoy me han dicho que va a llover y que debido a las protestas populares que andan por estos días no habrá servicio de buses nocturnos; así que es posible que gracias al invierno nos frotemos más de lo habitual y terminemos haciendo el amor como un par de desesperados sin cariño, luego antes de dormir placenteramente por primera vez en Santiago, podríamos sentarnos a pensar por un momento en que tal vez no sea necesario esperar por el papel principal para ser felices y nos regalemos al final, más que una sonrisa antes del beso de buenas noches.  

Inundaciones

La lluvia se adentró entre los andenes, entre el pasto y la plazoleta, entre el mendigo y el difunto ratón, entre el explotado y el jefe, así como también en esos lugares que nunca toco antes. Palpó todo tipo de pies desde los que ya no quieren andar, hasta los que detuvo en seco por el nuevo cauce, entre esos maltratados por el camino difícil así como los privilegiados por la gracia o la suerte divina; y es que esta lluvia no solo ha llegado tan precipitadamente para acabar con justos y pecadores, con plantaciones, estructuras y esperanzas, sino también para recordarnos que además de no ser los consentidos de un Dios como muchos piensan, somos también los menos humanos o humanitarios cuando nuestros hermanos nadan en nuestro país y no es por placer.