Nunca en toda mi vida de ser insomne me había resultado tan placentero no dormir por una causa, ni jamás en mis días de ansioso compulsivo me había resultado tan provocativo ver reducir o fallecer una espera; no logro recordar un solo instante en el que completamente ido en las aceras de Santiago me haya quedado idiota con una leve sonrisa pensando en que ya viene alguien.
Por eso a pocos días de regalarnos todas las sonrisas, de entregarnos todos nuestros huesos así como el de volar por aventuras cada noche o cada día en la misma cama, solo me queda decir, que hoy como pocas veces puedo agradecer a la vida por ser casi siempre injusta y hacerme hoy el hombre más inmerecidamente feliz por recibir esa compañía perfecta que exhalas.