Cuando los virus me invaden, de alguna forma me siento mas susceptible a lo que pasa a mi alrededor y claro, de alguna forma extraña, tiendo a pensar y sentir males ajenos como propios; hoy por ejemplo, me sentí como director principal del sindicato de peces del pacifico, indignado y con rabia me senté a llorar en una esquina de coral, mientras los hijos de puta se preparaban a arrojarnos 11.5000 toneladas de agua contaminada en las mismas que yo aleteaba rápidamente para jugar con Congrio o a besarme con Barracuda cuando apenas tenía escamas en mis aletas.
Por ese estilo y hasta que me dure este flagelo viral, tendré que atenerme a ser un Chocoano, un Tigre de Bengala, tal vez un Nukak Maku, una mujer islámica sin derechos o un simple enfermo con alma que tiene mucho tiempo para pensar.