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Perdido


Lo habían terminado de invadir todos sus demonios, esos que usted puede llamar locuras, desamores o simples quejas de niño rico, aunque no lo fue nunca. Las pastillas se volvieron sus mejores compañeras, sus únicas confidentes que aliviaban sus males después de que Rosario se cansó de amar a un loco.

Un loco dicen todos, hasta la mujer que lo pario en el 83. Pero lo que nadie sabe, ni siquiera este servidor, es que Daniel puede ver lo que usted casi siempre no reconoce, por ejemplo, el sabor de la música combinada con el alcohol, esa belleza del humo cuando se menea una taza de café caliente o por ejemplo, y sin ir más lejos, la alegría que provoca el ver reír a un erizo en las tardes que vomita la primavera.

Sin embargo, Daniel ha empezado de pronto a dejar de ser Daniel, cada vez pierde más sus habilidades desde que decidió cada 8 horas darle la bienvenida a la fluoxetina y no, a seguir perdiéndose en el huracán de olores que provocaba mover su taza de tinto cuando le pone azúcar morena. Daniel ha dejado de ser Daniel ahora que ha empezado a hacer caso a su psiquiatra, empezó a ser el hijo que nunca fue, el amigo que todos esperaban, ese hombre que aunque no sea él, basta para volver a dormir junto a Rosario y besarla con esos labios que ya no son suyos.





matar en Otoño



Hay días en que la vida te sabe a mierda así aparezca un billete en algún lugar recóndito de tu bolsillo, así las calles se abran de piernas y de algo más para perderte en la ciudad, así tengas un beso de ida y otro mejor a tu llegada; así tengas todo lo que soñaste; hasta una buena tina caliente con gula de por medio.

Hay días en que la soledad de otros es tu misma tristeza, la muerte de los que no tuvieron que irse es tu propio corazón que no late y ese desamor del zutano de en frente de la calle, es tu mismo despecho que sale por tus ojos sin permiso.

Es nuestra naturaleza tener bajones del alma así lleguen un viernes 25 de mayo al medio día, así lleguen con las hojas rojas del otoño a desbaratarte las esperanzas, los sueños despierto y el escritorio donde trabajas. Es perfectamente humano querer matar al mundo un día cada dos meses, aun amándolo con todas tus fuerzas.

Karma

Siempre llegas inesperadamente, como esa lluvia que te abraza a medio camino, como la sorpresa de la muerte prematura que no regala prólogos o como esa visita que te agarra con los pantalones extraviados y con los ánimos en el subterráneo o de día lunes en la mañana.
Es verdad que hace mucho te desprendiste de mi vida táctil, de la forma audible y del hartazgo de la rutina, es ineludible que te dejé de todas las maneras corpóreas a la orilla del olvido, más allá del allá, en ese puestecito donde todos queremos mandar a quien ya no nos sirve y que curiosamente llamamos mierda.
Mas sin embargo debo reconocer que siempre serás ese fantasma que deambula entre mis sueños y mi pasado, como esa eterna y final bocanada de aire de un moribundo, como ese eco funerario que va perdiendo su sabor cada vez que regresa del olvido, pero que vuelve, pero que siempre vuelve.

10.602 días

He llegado donde estoy con algunos kilos de más, con el hígado un poco sobre exigido y uno que otro trauma sin reparar. Tal vez aun tenga vestigios de loca locura, de esa que no es para nada agraciada y no sirve como la buena para escribir grandes cosas, aun temo enfrentar los conflictos en primera persona y ver algunas escenas incomodas en la televisión que me puedan producir espasmos gástricos innecesarios.
No obstante, en este momento a 10.602 días de estar en las calles del mundo, he aprendido a moverme bien y evadir con gracia a mujeres felinas y peligrosas, a desconfiar del muy bueno y hasta de saber que café es mejor simplemente con mi olfato. También he aprendido a desligarme de todo tipo de religión que lleve a la intolerancia, a descifrar los secretos de un buen mojito, el amor por la cocina y a tener la disposición entera de mandar mi profesión a la mierda para dedicar mi vida 24/7 a crear historias salidas de mis entrañas.
En realidad no sé hasta cuando mis falanges seguirán danzando al ritmo de lo que siento, ni hasta que punto mi cordura se lleve bien con mi locura para no terminar recluido en un centro psiquiátrico, pero lo único real que se y te aseguro, es que mientras pueda: día, noche, bisiesto o siniestro, seguiré escribiendo para ti.

Visita a domicilio

No es nuevo que hace un tiempo las ausencias o los traumas infundados en la infancia resonaban en ese presente, en ese tiempo donde las cosas pasaban en cámara lenta y con insomnios y taquicardias; es cierto que todos los males en mi cabeza me habían invadido de sur a norte y también transversalmente, el miedo a la muerte y a lo desconocido hizo en mi llegar al punto de no diferenciar la realidad, de la mierda de realidad que había creado en mi cerebro, es verdad que mi compulsividad había llegado al límite alcanzando al punto de empezar a creerme de verdad un Jack en la película Mejor Imposible.

No es nuevo que hace un tiempo haya tocado fondo hasta el punto de no poder controlar la ansiedad que me había acompañado de forma mansa tantos años, a dejarme de sentir faraón para acudir como un lacayo a las faldas de un terapeuta, no es fácil (al menos para mí) el reconocer que perdí una batalla en el juego de la vida y que la locura por un momento me haya derrotado dejandome por un momento en la suplencia.

Debo ser honesto y decir que después de tanto tiempo y después de una mejora radical a simple vista (tuya y mía por supuesto), anoche me visito el miedo, no en calidad de locura lo aclaro, pero me hizo por un momento recordar las noches en cuando fui un “yo” desproporcionado, ese que siempre he tratado tal vez de retener para no alborotar al mundo y a la rutina que siempre nos abraza; sin embargo el miedo no llegó por o para eso, simplemente vino para hacerme angustiar y rogar para que ojalá nunca me dejes cuando deje de ser yo por un momento y vuelva a ser el mismo que fui.