Cuando el buen o mal amor lo ha abandonado e ineludiblemente usted es de los que automáticamente jura y perjura que está mucho mejor así que acompañado y se enmarca en una ridícula y mal hecha sonrisa que a duras penas se dibuja en su rostro; tenga cuidado.
Si usted está en el estado de que “toda micro le sirve” (frase chilena para describir que se puede coger a todo ser vivo (unicelular o pluricelular) que se le atraviese por desamor), no se queje si amanece a lado de minotauros, medusas, momias o alguno que otro muerto viviente que solo sirvió para hacerlo sentir más miserable; deseando al final, una de esas camas inexistentes que teletransportan al exilio al compañero de al lado o a su propio arrepentimiento que se le desborda por los cachetes.
Por eso, ya sea que la otra persona, usted o los dos sean los difuntos del cuento, es preciso tomarse un tiempo de respiro, donde usted vista realmente el disfraz de luto así le duela y le entalle; ya que siempre el amor perdido se olvida con el correr del tiempo, pero también, con lagrimas derramadas con carácter y exfoliando los verdaderos sentimientos sin creerse el Omnipotente.
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