Estar parado a la orilla de la incertidumbre, esa misma que nos causa el futuro (el suyo y el mío por supuesto). Con esta ansiedad amarrada a las tripas, que de alguna manera carcome mi sangre y manda a mi sueño a papelera de reciclaje; que se muere de alguna manera por saber el desenlace de mi vida o al menos si lograré trascender con el tiempo más allá de mis huesos.
Cuantas veces nos preguntamos ¿por qué no vivimos la vida que deberíamos o soñamos? Si este efímero hilo es tan corto y carente de compasiones y tiempos extras.
Hoy podría perfectamente partir de un solo tajo este computador inocuo que debería estar más bien en una vitrina de museo, cubrir tiernamente de fuego mi cubículo de trabajo y dejar rápidamente de robarle 9 horas laborales de mierda a mi tiempo, dedicándome mas bien y con todo gusto a gastar todos mis aires y palpitaciones restantes a tu querida presencia.