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Perdido


Lo habían terminado de invadir todos sus demonios, esos que usted puede llamar locuras, desamores o simples quejas de niño rico, aunque no lo fue nunca. Las pastillas se volvieron sus mejores compañeras, sus únicas confidentes que aliviaban sus males después de que Rosario se cansó de amar a un loco.

Un loco dicen todos, hasta la mujer que lo pario en el 83. Pero lo que nadie sabe, ni siquiera este servidor, es que Daniel puede ver lo que usted casi siempre no reconoce, por ejemplo, el sabor de la música combinada con el alcohol, esa belleza del humo cuando se menea una taza de café caliente o por ejemplo, y sin ir más lejos, la alegría que provoca el ver reír a un erizo en las tardes que vomita la primavera.

Sin embargo, Daniel ha empezado de pronto a dejar de ser Daniel, cada vez pierde más sus habilidades desde que decidió cada 8 horas darle la bienvenida a la fluoxetina y no, a seguir perdiéndose en el huracán de olores que provocaba mover su taza de tinto cuando le pone azúcar morena. Daniel ha dejado de ser Daniel ahora que ha empezado a hacer caso a su psiquiatra, empezó a ser el hijo que nunca fue, el amigo que todos esperaban, ese hombre que aunque no sea él, basta para volver a dormir junto a Rosario y besarla con esos labios que ya no son suyos.





invasiones con derechos de admisión

Te espero siempre con los ojos cerrados, con la fe creciente de que llegues a mi cuerpo y empiece el alboroto; no obstante, el miedo se me mete entre los tuétanos cuando empiezo a sentirte y tu tan siquiera has cruzado la puerta, cuando se perfectamente que ya estás aquí, antes de que hubieses llegado.
De pronto tu cuerpo me sorprende con esa sonrisa que alumbra los rincones más fúnebres y hasta a una ciudad como Santiago en un domingo en la tarde; y es entonces cuando me dejo llevar por tu voz como un navío sin faro, como simple mundano ignorante a la hora de firmar un crédito de consumo, como un zutano a segundos de ser invadido por el vudú para ser convertido en un zombie… y me encanta.

de golpes malos y contraindicaciones positivas

Si usted se ha dado cuenta de que su amor o lo que cree serlo, le ha surgido tan espontáneamente como el moho detrás de las cortinas, como la típica telaraña en el viejo álbum de los panchos de su viejo o simplemente como el suspiro imprevisto que sale después de un adiós cuando se dijo mucho y se esperó poco… no se asuste.

Si es que esa sensación le ha llegado directico al alma, casi como con un tino de arquero olímpico o de esos que se entrenan en Zimbabue para cazar micos asesinos o con rabia; si lo siente también como un contundente gancho directo a la quijada, como el de esos carniceros de dos metros de los viernes de boxeo en HBO; solo que a pesar de dejarle  las mismas dolencias, usted lo recibe con gusto y con una sonrisa de bobo que lo deja babeando por toda la ciudad. Tranquilo.

Si además de eso también le trajo consecuencias más graves como de georeferencia, y le preocupa andar despegado del piso 25 centímetros cada vez que se hable con el otro y tropezar siempre en la escalera por no estar acostumbrado a empezar a subir por el segundo escalón y para rematar, que en su panza se genere una fiesta de mariposas y viseras cuando ve a su par simplemente sonreír y no sea claro por efectos simples y reales como la  típica y sufrida intolerancia a la lactosa. Si esto también se acompaña de sudoración excesiva, taquicardias cumbiamberas, ansiedades carnívoras, muertes y resucitaciones, todo eso en el segundo exacto en el que esta con esa persona o todo cuando en un minuto de espera o ausencia se le convierte en un credo o rosario de domingo a las 6 de la mañana. No se preocupe.

Pero si le llegó con cierto grado de injusticia, con pequeños grados de desfase, en momentos distintos que pueden o no convertirse en amores o anhelos distintos, en ilusiones que pueden tal vez concretarse  en idealizaciones baldías que terminan en choques rompe-parabrisas, con dislocaciones femorales, mentales y anímicas, como en palabras y promesas que pueden romperse al menor tacto por ayuda de fantasmas que no se quieren o se pueden dejar de lado. Tenga ahí entonces cuidado; porque puede padecer de una contundente Fulanitis severa o de una rara menganitis aguda, que puede generarle una seria hipermetropía para poder tomar decisiones correctas, dejándolo totalmente ciego y sumido en una deshidratación de tiempo donde solo queda lamentarse por el deber no cumplido, con un corazón sin seguro médico para ser recompuesto y con la única certeza de que hay que estar preparado para la etapa de duelo que prematuramente puede tocar a su puerta.