He llegado donde estoy con algunos kilos de más, con el hígado un poco sobre exigido y uno que otro trauma sin reparar. Tal vez aun tenga vestigios de loca locura, de esa que no es para nada agraciada y no sirve como la buena para escribir grandes cosas, aun temo enfrentar los conflictos en primera persona y ver algunas escenas incomodas en la televisión que me puedan producir espasmos gástricos innecesarios.
No obstante, en este momento a 10.602 días de estar en las calles del mundo, he aprendido a moverme bien y evadir con gracia a mujeres felinas y peligrosas, a desconfiar del muy bueno y hasta de saber que café es mejor simplemente con mi olfato. También he aprendido a desligarme de todo tipo de religión que lleve a la intolerancia, a descifrar los secretos de un buen mojito, el amor por la cocina y a tener la disposición entera de mandar mi profesión a la mierda para dedicar mi vida 24/7 a crear historias salidas de mis entrañas.
En realidad no sé hasta cuando mis falanges seguirán danzando al ritmo de lo que siento, ni hasta que punto mi cordura se lleve bien con mi locura para no terminar recluido en un centro psiquiátrico, pero lo único real que se y te aseguro, es que mientras pueda: día, noche, bisiesto o siniestro, seguiré escribiendo para ti.