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10.602 días

He llegado donde estoy con algunos kilos de más, con el hígado un poco sobre exigido y uno que otro trauma sin reparar. Tal vez aun tenga vestigios de loca locura, de esa que no es para nada agraciada y no sirve como la buena para escribir grandes cosas, aun temo enfrentar los conflictos en primera persona y ver algunas escenas incomodas en la televisión que me puedan producir espasmos gástricos innecesarios.
No obstante, en este momento a 10.602 días de estar en las calles del mundo, he aprendido a moverme bien y evadir con gracia a mujeres felinas y peligrosas, a desconfiar del muy bueno y hasta de saber que café es mejor simplemente con mi olfato. También he aprendido a desligarme de todo tipo de religión que lleve a la intolerancia, a descifrar los secretos de un buen mojito, el amor por la cocina y a tener la disposición entera de mandar mi profesión a la mierda para dedicar mi vida 24/7 a crear historias salidas de mis entrañas.
En realidad no sé hasta cuando mis falanges seguirán danzando al ritmo de lo que siento, ni hasta que punto mi cordura se lleve bien con mi locura para no terminar recluido en un centro psiquiátrico, pero lo único real que se y te aseguro, es que mientras pueda: día, noche, bisiesto o siniestro, seguiré escribiendo para ti.

a veces los atajos resultan

Anoche me visitaron nuevamente mis demonios y por supuesto el horror me sorprendió con un beso en la boca, las palabras de Buda se fueron a la mierda tan fácilmente mientras trataba de creerme como siempre un tipo cuerdo en busca de la sabiduría o simplemente una mente en blanco que buscaba solamente el buen sueño bajo las estrellas.

Hoy no soy más que un ente, un zombie o un eco sentado tratando de cumplir con un salario pactado para poder pagar mis cuentas, nada más que una huella de mar que se va perdiendo mientras el agua regresa, algo así como un mármol sin venas o un chocolate sin relleno olvidado en un cajón que nadie abre ya.

Hoy (y por cierto vivo por si acaso) amanecí como un pedazo de fantasma o de caca o como quieran llamarme, moviéndome con la sensación de andar en cámara lenta, aletargado y sin ninguna gracia cualquiera; solo con la confianza en el poco sentido de raciocinio dejado por la batalla bioquímica en mi cerebro y con la certeza de que el maldito auto control esta totalmente sobrestimado por estos días y que en cambio el clonazepan, siempre sera mi mejor amigo hoy, mañana y siempre para encontrar la tan anhelada iluminación.