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matar en Otoño



Hay días en que la vida te sabe a mierda así aparezca un billete en algún lugar recóndito de tu bolsillo, así las calles se abran de piernas y de algo más para perderte en la ciudad, así tengas un beso de ida y otro mejor a tu llegada; así tengas todo lo que soñaste; hasta una buena tina caliente con gula de por medio.

Hay días en que la soledad de otros es tu misma tristeza, la muerte de los que no tuvieron que irse es tu propio corazón que no late y ese desamor del zutano de en frente de la calle, es tu mismo despecho que sale por tus ojos sin permiso.

Es nuestra naturaleza tener bajones del alma así lleguen un viernes 25 de mayo al medio día, así lleguen con las hojas rojas del otoño a desbaratarte las esperanzas, los sueños despierto y el escritorio donde trabajas. Es perfectamente humano querer matar al mundo un día cada dos meses, aun amándolo con todas tus fuerzas.

típicos-atípicos

El típico fulano se reunía con su típica fulana; acompañado de su típico beso de bienvenida y luego del mismo paseo al parque con su infaltable helado sabor a mandarina.

La típica fulana lo recibía con la típica y forzada  cara de asombro, con un dolor futuro de sus no tan dulcísimos pies y con unas ganas empalagosas de no comer esa mismísima rutina.

Por fin después de un mayo lluvioso y lleno de transeúntes sin nombre,  llegarían a la inteligente conclusión, que su típico amor, cargado y relleno de rutina; no tenía que ver nada con asuntos de amor, y que más bien, solo era una costumbre bien amada lo que los unía.

Así que el, de ahora en adelante, se dedica a marcar los días en que sus ojos ya no la han mirado por esas grandes y olvidadas calles escasas de besos. Y ella, a tratar de olvidar ese maldito sabor a mandarina que junto a él, sabia solo a costumbre, y ahora, a solo una infinita soledad con pasas. 

sobre las soledades

A veces uno se da cuenta de que la soledad es sinónimo de buscar un buen sitió tras un árbol para leer un libro dilatado por meses o de sentarte horas a desgastar tus falanges escribiendo nada más que para legiones de ácaros, dos cojines y tu eco.

De que esa canción que siempre te fue indiferente esa noche la escuches de un modo imprevisto a causa de la combinación de smog y nicotina quizá; logrando que de una forma mágica o patética se cale hasta en tus viseras mientras la tarareas en cada pausa de copa vacía.

A veces esa soledad pude ser sinónimo de exceso de tiempo para gastarlo al por mayor con uno mismo; ya sea en clases de yoga, visitas de mas a la abuela o de profunda observación a la vida de otros; eso claro, sin ningún tipo de mejoramiento físico, económico o espiritual.

De un silencio sepulcral que puede hacerte perfectamente escuchar como tu sangre recorre tu cuerpo y la bisagra oxidada de tus ojos o tu duodeno al cerrarse cuando despiden lágrimas y mierda respectiva mente.

A veces uno se da cuenta de que la soledad es sinónimo de esperanzas baldías, de viejas casas abandonadas, de preguntas con miopes respuestas, de pobres pueblos fantasmas sin ningún tipo de fantasmas.

O en un caso más acorde con la informática ya que se está leyendo un blog… de que te hayan mandando a papelera de reciclaje para luego.