Es imposible resistirse a una fémina cuando sin pena y con gloria nos invade de pronto cada rincón de nuestras esquinas; cada alveolo, cada célula y personalidades múltiples que poseemos. Cuando de un modo imprevisto y después de un whiskey o un mojito mal preparado (o bueno, no nos hagamos los mojigatos) y después de varios tragos o pocas cosas ilegales se logra calar entre los ventrículos o los testículos: con una apariencia de emperatriz, de amor de la vida, dominatriz o de mujer decentemente aceptable por los efectos del alcohol y una buena charla ¿Cómo no alojar entonces de alguna forma en nuestros adentros a tan divino virus? así sea por una hora, una noche o una eternidad. Así sea como un infinito augurio bienvenido, así se adueñe a la fuerza del cerrojo de las puertas del olvido y de tu closet o tan solo si logra darle un puntapié a lo Daniel San en las gónadas a la soledad por una noche. Todos estamos de acuerdo que vale la pena sudarse la camiseta por ese momento inespecífico e incalculable de compañía.
Tal vez con el tiempo ni se llegue a recordar la más mínima inicial de aquel nombre, el lugar donde se la conoció, el color de sus ojos o el sabor de sus senos; pero si quedará seguramente en algún rincón de la memoria que en su presente pasado fue como muchas o pocas… una esperanza desconocida de lo que cada hombre busca.
4 comentarios:
mientras los virus no sean malignos... que sean bienvenidos, como los augurios.. que le parece?
supongo que bajo esta invación... se consigue una forma peculiar de entender la charla... es parte de la experiencia... que no he tenido...
invadimos, permanecemos... si nos gusta la anatomía y sus letras... nos quedamos ....
Aplica para ambos géneros ... que mejor forma de describir una experiencia furtiva que en ocasiones perdura ... le da sabor a la vida y en algunos casos (como el mío) permiten sonreir al recordar, para luego volver a la fiel y responsable realidad.
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