El típico fulano se reunía con su típica fulana; acompañado de su típico beso de bienvenida y luego del mismo paseo al parque con su infaltable helado sabor a mandarina.
La típica fulana lo recibía con la típica y forzada cara de asombro, con un dolor futuro de sus no tan dulcísimos pies y con unas ganas empalagosas de no comer esa mismísima rutina.
Por fin después de un mayo lluvioso y lleno de transeúntes sin nombre, llegarían a la inteligente conclusión, que su típico amor, cargado y relleno de rutina; no tenía que ver nada con asuntos de amor, y que más bien, solo era una costumbre bien amada lo que los unía.
Así que el, de ahora en adelante, se dedica a marcar los días en que sus ojos ya no la han mirado por esas grandes y olvidadas calles escasas de besos. Y ella, a tratar de olvidar ese maldito sabor a mandarina que junto a él, sabia solo a costumbre, y ahora, a solo una infinita soledad con pasas.
3 comentarios:
:( ayyy Franquito. (suspiro)
a mi me gusta lo que escribes por su cotidianidad.
Son esas frases o palabras que se te van a venir a la cabeza seguro un dia por ahi esperando el bus, es decir que no mueren en la eterna estratosfera de sublimes particulas infinitesimales que detonan en el universo...
que atípica esta vida...
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