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esperanzas muertas

Es imposible resistirse a una fémina cuando sin pena y con gloria nos invade de pronto cada rincón de nuestras esquinas; cada alveolo, cada célula y personalidades múltiples; cuando de un modo imprevisto logra calar entre los ventrículos o los testículos; así, tal cual como Romina López de Urrutia en 2006. Romina, con esa apariencia de emperatriz, de dominatriz o de amor de la vida; logró invadirme hasta mis adentros por poco más de un mes durante mi estadía en Shanghái. Fue un mes en que la costa era solo sol y sombra, sin lluvia y sin smog; con todas las ilusiones ridículas o creíbles que uno alcanza a maquinar en su cabeza, en mi cabeza o en cualquier cabeza de idiota enamorado.

Todos estamos de acuerdo en que vale la pena sudar la camiseta por ese momento indeterminado, así pretendamos que durará toda la vida y solo nos dure un minuto o un segundo de la misma. Tal vez con el tiempo ni llegue a recordar la más mínima inicial de aquel nombre, el lugar donde la conocí, el color de sus ojos o el sabor de sus senos; pero si quedará seguramente en algún rincón de la memoria, que en su presente pasado fue de las pocas mujeres que pasaron por mi vida y la lograron hacer retumbar… como una más de esas esperanzas desconocidas que uno quiso haber retenido más tiempo, para matar a la soledad de por vida.

sobre rescates y otros cuentos

Me siento en esta orilla de la soledad a saludarte, ya que por estos tiempos solo interactúa conmigo mi enorme taza de café y alguno que otro recuerdo que me visita cuando apago la luz.

¿Dónde te escondes, cuál es tu paradero, por donde caminas los jueves donde mueren las hojas y el invierno? Me pongo el saco y siento como esta barba acabará por esconderme completamente antes de volver a expulsar otro suspiro a causas de tu presencia.

Cabe resaltar que no precisamente te invoque para que aparezcas, pero si es necesario aclarar que una palabra tuya bastaría para salvarme.

sigue al autor en https://twitter.com/Frael_Rota

ilus(i)o-nes

Estando frente a su casa, solo, taciturno; con esa canción tan llena de recuerdos tarareándose en mi cabeza, con esa botella de vino casi vacía de esperanzas y con esa mirada perdida tratando de encontrar algún eco suyo en los semáforos...se puede entender perfectamente que la soledad es tan mala terapeuta así como el arribo de ti, una agonizante esperanza que se va extinguiendo como el cigarrillo que se va consumiendo en mi boca.