Cabe resaltar que no soy muy viejo, es más, estoy dentro de lo que puede considerarse un hombre joven y relativamente en “buena forma”; pero hace poco he venido notando ciertos cambios que me hacen suspirar por los tiempos en donde las cenas pesadas después de las 12, borracheras interminables o tarros familiares de leche condensada con galletas de chocolate no hacían mella alguna en mi organismo.
Ahora, he tenido que alejarme totalmente de la lactosa, el café, aunque ayuda a no dormirme en la oficina, lo hace también levantándome unos cuantos centímetros a mi panza y a ver lucecitas donde no las hay, mis largas noches bohemias se han ido recortado hasta donde aguanta mi memoria, ya que de un momento a otro mi disco duro se borra y no se reinicia sino hasta el otro día. Ni que hablar sobre mis “líneas de expresión”, mis rodillas y alguna que otra maña producida o reproducida por la generación espontanea de los años o de los vicios aprendidos de los padres.
Ayer precisamente vi fotos tuyas, de cuando aun no eras abuela y eras madre, de cuando eras más bella, y podías saltar y reprender a tus hijos, de cuando podías besar por horas a Don Carlos y salir a parrandear también hasta que se te borrara el disco duro (o al menos y siendo más cronológicamente acertado contigo, el de tu cinta mecanográfica); y detallándolas, sentí de pronto como si en ese momento sintieras o te sintieras igual que yo al momento de escribir este blog, sintiendo como llegaban los años y tu cuerpo también iba dejando de ser el mismo justamente para pasar al siguiente nivel, a la siguiente etapa o solamente al siguiente estado mental del que solo uno hace o deshace los males del cuerpo.
Hoy pregunte de ti y me dijeron que ya no hablas, que tus piernas se han atrofiado y hay que cargarte y cuidarte como si fueras un bebe de brazos, de que tienes ya solo la piel pegada a los huesos, pero que de alguna forma en las noches retornas para hacerte entender y contestar una de diez preguntas que te hacen. Acepto que no quisiera llegar nunca a la edad que tienes, pero al menos si quisiera alcanzar a dar un poco, de todo lo que diste e hiciste por todos nosotros.
a tu salud Josefina Villota