Carta abierta hacia las lombrices

Aun no entiendo la dosis mínima de envidia que he empezado a sentir hacia mí; en verdad me cuesta entender el por qué, ya que lo único que he logrado en la vida es sobrevivir por mi mismo en el exilio y lograr por fin después de casi 14 años de historias agridulces y de vicisitudes pausadas, dormir cada noche con el amor de mi vida.

En la universidad fui bueno, igual que en la maestría, pero mi buena dosis de silencio con la que nací, no dejo nunca que brillara, aunque la verdad debo sincerarme y decir que esas cosas se las he dejado siempre a los fantoches. Mi trabajo es muy bueno y me encanta hacer lo que hago, pero debo aclarar que no me sobra la plata, no tengo auto (aunque si tuviera nunca compraría uno), tengo alguna que otra media rota como tuercas en mi cabeza y la verdad, como muchos al epilogo de cada mes empiezo a hacer trucos para lograr subsistir; pero eso sí, es importante e irreductible decir que siempre hay para compartir un buen vino y una rica charla sobre la nada cualquier día u hora de la vida.

No tengo para emprender un viaje al sur como hemos querido ni mucho menos para emprender una empresa. No tengo reloj y es urgente algo más para el invierno si quiero sobrevivirlo. Pero todo no puede ser críticamente escrito en dramático, debo decir que tengo toda la paz para conmigo, tranquilidad y gratitud por lo obtenido y mucha paciencia por todo lo que añoro, de pronto puede ser todo lo impalpable y subjetivo del mundo, pero puede ser tal vez lo único importante en este planeta superfluo y lleno de materialistas que se retuercen como lombrices en ascuas por todo y por la nada.

1 comentario:

Anónimo dijo...

La paciencia es la madre de todas las virtudes