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fantasmas en el ático

Están los que aparecen sin molestar, solo como una sombra que se podría confundir perfectamente con la de tu abrigo o el mueble de tu cuarto. Están los que te susurran al odio sus penas y el dolor dejado en vida, aquellos ecos lúgubres que quieren ser escuchados pero que carecen de todo tipo de aliento para hacerse entender.
Existen también los grises, los que ves o no asecharte en la noche, los que te despiertan escalofríos y unos miedos de más en las tripas. Esos que malintencionadamente te mueven el escaparate y el pánico, esos que podrías confundir con un vivo en la calle, el edificio o el pasillo; pero que simplemente ya están muertos, carentes de todo tipo de coraza corpórea y pudriéndose en algún lugar debajo de la tierra.
Pero existen algunos fantasmas peores, de esos que usted y yo conocemos y que sabemos que tienen todavía pulso, nombre y sangre en sus miembros; esos espectros que se esconden en nuestra memoria como mero sinónimo de algo quedado a medias, de una huella en el arrepentimiento, de un perdón no dado o simplemente de un amor no correspondido que quedo penando en su ático.
Se dice que estos últimos andarán siempre en el limbo como un muerto que le llego la muerte temprana por mero capricho de un Dios o un destino; eso, hasta que usted por fin se exorcice de ese mal pasado ectoplasmático, mire adelante sin espejismos y pase completamente a la próxima hoja donde de verdad comenzará su vida, sin ningún tipo de muertos vivientes.

Karma

Siempre llegas inesperadamente, como esa lluvia que te abraza a medio camino, como la sorpresa de la muerte prematura que no regala prólogos o como esa visita que te agarra con los pantalones extraviados y con los ánimos en el subterráneo o de día lunes en la mañana.
Es verdad que hace mucho te desprendiste de mi vida táctil, de la forma audible y del hartazgo de la rutina, es ineludible que te dejé de todas las maneras corpóreas a la orilla del olvido, más allá del allá, en ese puestecito donde todos queremos mandar a quien ya no nos sirve y que curiosamente llamamos mierda.
Mas sin embargo debo reconocer que siempre serás ese fantasma que deambula entre mis sueños y mi pasado, como esa eterna y final bocanada de aire de un moribundo, como ese eco funerario que va perdiendo su sabor cada vez que regresa del olvido, pero que vuelve, pero que siempre vuelve.

recordatorio en horas laborales

Arribas de pronto revoloteando cuando menos debes a mi cabeza, retumbas y lanzas a tu antojo las cosas instaladas, las nuevas butacas, los libros, la cocina y los nuevos recuerdos; de alguna manera te das el modo de instalarte donde te vea fijamente, donde para mí nunca deberías haber estado y donde de alguna manera todos sepan que estas ahí.

Llegas como ese recuerdo que tiene muchas caras, tantas pieles y cuerpos diferentes; como ese que tiene muchos nombres, sonrisas y tantos llantos como despedidas prematuras; te acomodas bien en mi oficina (que es donde mayormente paso el día) y me recuerdas irónica y dulcemente al oído mientras ordeno todo nuevamente, de que ahora soy solo de una persona y no de todas ustedes.