Siempre llegas inesperadamente, como esa lluvia que te abraza a medio camino, como la sorpresa de la muerte prematura que no regala prólogos o como esa visita que te agarra con los pantalones extraviados y con los ánimos en el subterráneo o de día lunes en la mañana.
Es verdad que hace mucho te desprendiste de mi vida táctil, de la forma audible y del hartazgo de la rutina, es ineludible que te dejé de todas las maneras corpóreas a la orilla del olvido, más allá del allá, en ese puestecito donde todos queremos mandar a quien ya no nos sirve y que curiosamente llamamos mierda.
Mas sin embargo debo reconocer que siempre serás ese fantasma que deambula entre mis sueños y mi pasado, como esa eterna y final bocanada de aire de un moribundo, como ese eco funerario que va perdiendo su sabor cada vez que regresa del olvido, pero que vuelve, pero que siempre vuelve.
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