tres veces uno

Este vacío en mi panza como si riñones, hígado y anexos hubieran dejado su puesto de trabajo, puede ser por dos simples razones. La primera, por el nuevo virus que mire en el noticiero de la tarde y que pude haber adquirido gracias a mi hipocondría ganada día a día con el sudor de la mente; o la segunda en cambio y más seguramente con más atisbo de veracidad, por la llegada total y definitiva de tu vida a mi vida, por la renuncia total e irreversible a esta desgraciada soledad encarnada en nosotros y con más razón tal vez, a que en este tercer round que nos da el destino será nuestra vencida.

Es por eso que me pongo mis mejores galas desde ya, específicamente la primera opción de las 8 posibles que había escogido y re escogido, estoy perfumado con mi loción más fina y el peinado de niño bueno que siempre traté de ser. Estoy parado como todo fin de jornada frente a tu ausencia con mi mejor cara, son las 8 de la noche con 51 minutos de un 24 de febrero, esperando ansiosamente como siempre a que pasen los días como suspiros y que tomes por fin y de una buena vez ese vuelo  y por supuesto su relevo. 

Camino

Lamentablemente vemos como nos vamos haciendo viejos en medio del canal que no tiene retorno, con la cabeza medio estática solo movible para alcanzar a ver de reojo lo que dejamos atrás...con la boca apenas flexible para suspirar por lo quedado, con la mente para soñar lo que hubiera sido y con la leve impresión de que toda esa ausencia, sirvió para al menos haber aprendido algo.

Aun

De alguna forma rara, encontré una manera de quererte aun a costa de mi terquedad hermética; de pronto se me salió de las manos el verte solo como encuentro bienvenido para empezar a necesitarte, fue de una manera gradual en cómo te me fuiste metiendo entre mis poros, invadiendo cada célula con tu nombre hasta el punto de no poder vivir sin oler tus pechos en la mañana.

Es verdad que la soledad se nos fue de una forma instantánea, dejándonos a nuestra suerte que es mucha, al igual que las horas en la cama y los desayunos a la francesa; el amor llego después, paulatino, capitulado, gradual conforme pasaba el tiempo
Y aun no se ha ido…

Descubrimiento_

Para sentirme por primera vez solo, fue realmente necesario  llegar a conocerte a mis 27 años de edad, darme cuenta de las pocas cosas que realmente llegue a sentir por zutanas pasadas y sacarte cada día de alguna forma de ese viejo lugar de los recuerdos, sin esperanza alguna de que aparezcas como en un truco de magia.


Para sentirme verdaderamente vació, fue solo darme cuenta de como esta de perdida mi vista tratando de encontrarte por todo Santiago, sentándome a veces  al borde de cualquier banca o anden que me de su espacio para recostarme, quedándome intranquilo pero optimista por si acaso,  a esperar como siempre a que llegue mucho mas que tu nombre en un suspiro.

Guerra perdida_

Nunca dejó que fueran lo que nunca fueron, lo que nunca pudieron ser; aunque hasta el final y de alguna manera, quiso mantener la ilusión del nunca acabar, hasta el punto de hacerse el ciego o el loco cuando empezó a palpar el epilogo con las yemas de sus dedos.

Se dio cuenta de lo difícil de hacerse el clarividente justo en el momento en que no se sabe si retroceder por un presente indoloro o jugársela por un incierto futuro… qué más da se dijo agotado, mientras se recostó por primera vez en ese parque por el cual solo pasaba de afán, pensando seriamente en adoptar de una buena vez por la partenogénesis asexual, una nueva semana cargada ahora si de ejercicio y por una buena y larga temporada lejos del sexo, el amor y sus derivados.

Sobre las gatas y otros demonios

Si algo se (en mi corta, pero agitada vida amorosa) ha sido reconocer a una gata cuando esta al acecho, y no es que me gusten los dichosos felinos; famosos por el ronroneo y su caca que enferma. Si no más bien por esas féminas que hacen el honor de representar de la mejor forma las cualidades de tan dichoso animal carente de afectos continuos.

Estas mujeres buscan el cariño de manera cautelosa, de a ratos, cuando sus necesidades afloran como los pitos de los carros cuando alumbra el amarillo de los semáforos, acuden cuando solamente necesitan saciar sus necesidades sexo-sentimentales, dejando de lado casi siempre la invocación cuando uno las necesita de la misma forma. Estas mujeres con afectos capitulados, casi siempre son de físico agraciado y saben hacer buen uso de ello; así que un pobre mundano puede perfectamente caer sin darse cuenta en el juego monopolizado del querer, caído en el letargo de amar sin ser amado, esperando patéticamente que llegue la hora de verla sin tener poder alguno sobre su llegada.

Si ese es su caso, y aun no ha entregado su corazón, salga lo antes posible por cualquier salida de emergencia; pero si ya ese demonio ha calado hasta en sus tripas, empiece por buscar rápidamente un gurú o un cura que empiece con el proceso de exorcismo que es largo y doloroso en este caso, dejando tal vez cicatrices de por vida y un hueco en el corazón con ecos de recuerdo que le amarguen cualquier tipo de comida durante un largo largo tiempo.

10:42_PM

Exactamente a las 10 y 42 minutos, las gotas se mantuvieron estáticas, esa lluvia que tanto se había enmarañado en ahogarnos de alguna forma violenta se había detenido; el viento se enmudeció al igual que el caos en la avenida.

De pronto, lo que nos preocupaba de alguna forma quedó sobre la mesa, a lado mismo de nuestras bebidas, nuestros nervios y las llaves de tu casa; solo la intranquilidad de no dejar de mirarte para calcar de la mejor forma ese pequeño momento, tu aroma, tu mirada y tu calor, se hacía presente a lado de las pequeñas luces que se habían quedado tatuadas sobre tu mejilla.


Todo fue una finita pausa lograda por tan solo un beso de nuestros cuerpos, que hizo de alguna forma inmediata de que el mundo dejara de girar y morir, justamente, para vernos como deteníamos el tiempo con tan solo unir nuestros labios.

pausa

De repente encontré todo del modo como lo había dejado; las mismas calles, la lluvia y las facciones de la gente. De un modo sutil presentía cada movimiento anticipadamente, cada paso o bocinazo a mí alrededor. Exactamente cuando vi las luces correr entre la ventana del auto, los recuerdos dejaron de estar en pausa y volviste de repente sin ser bienvenida ¿Que carajos importa ya invocarte de nuevo sin que vengas, si lo que realmente me calma es volver a respirar el aire que me enseño todo?

vuelvo ahora a caminar por la hierba y el asfalto y sentir nuevamente las voces como mías… estoy en casa.

típicos-atípicos

El típico fulano se reunía con su típica fulana; acompañado de su típico beso de bienvenida y luego del mismo paseo al parque con su infaltable helado sabor a mandarina.

La típica fulana lo recibía con la típica y forzada  cara de asombro, con un dolor futuro de sus no tan dulcísimos pies y con unas ganas empalagosas de no comer esa mismísima rutina.

Por fin después de un mayo lluvioso y lleno de transeúntes sin nombre,  llegarían a la inteligente conclusión, que su típico amor, cargado y relleno de rutina; no tenía que ver nada con asuntos de amor, y que más bien, solo era una costumbre bien amada lo que los unía.

Así que el, de ahora en adelante, se dedica a marcar los días en que sus ojos ya no la han mirado por esas grandes y olvidadas calles escasas de besos. Y ella, a tratar de olvidar ese maldito sabor a mandarina que junto a él, sabia solo a costumbre, y ahora, a solo una infinita soledad con pasas. 

cobarde


Su silencio es el encargado de que sus palabras no delaten a ese desgastado corazón. Porque claro, ella piensa como pocas (o muchas), que a veces hay que callar para que la ilusión siga viva y no que sea en el mejor de los casos, carcomida por respuestas antropófagas.
Porque a este tipo de personas, casi siempre les gana el lado cobarde que los protege de futuros atentados de lesa humanidad y obvio, porque para aquellas personas como aquella sutil cobarde masacrada por los hechos del ayer, es casi siempre mejor quedarse  en ese rinconcito de la palabra no dicha, engrandeciendo una esperanza, así le digan mustia o pávida de mierda, y no como siempre, recogiendo nuevamente su corazón del piso.