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esperanzas muertas

Es imposible resistirse a una fémina cuando sin pena y con gloria nos invade de pronto cada rincón de nuestras esquinas; cada alveolo, cada célula y personalidades múltiples; cuando de un modo imprevisto logra calar entre los ventrículos o los testículos; así, tal cual como Romina López de Urrutia en 2006. Romina, con esa apariencia de emperatriz, de dominatriz o de amor de la vida; logró invadirme hasta mis adentros por poco más de un mes durante mi estadía en Shanghái. Fue un mes en que la costa era solo sol y sombra, sin lluvia y sin smog; con todas las ilusiones ridículas o creíbles que uno alcanza a maquinar en su cabeza, en mi cabeza o en cualquier cabeza de idiota enamorado.

Todos estamos de acuerdo en que vale la pena sudar la camiseta por ese momento indeterminado, así pretendamos que durará toda la vida y solo nos dure un minuto o un segundo de la misma. Tal vez con el tiempo ni llegue a recordar la más mínima inicial de aquel nombre, el lugar donde la conocí, el color de sus ojos o el sabor de sus senos; pero si quedará seguramente en algún rincón de la memoria, que en su presente pasado fue de las pocas mujeres que pasaron por mi vida y la lograron hacer retumbar… como una más de esas esperanzas desconocidas que uno quiso haber retenido más tiempo, para matar a la soledad de por vida.

Camino

Lamentablemente vemos como nos vamos haciendo viejos en medio del canal que no tiene retorno, con la cabeza medio estática solo movible para alcanzar a ver de reojo lo que dejamos atrás...con la boca apenas flexible para suspirar por lo quedado, con la mente para soñar lo que hubiera sido y con la leve impresión de que toda esa ausencia, sirvió para al menos haber aprendido algo.