del odio al amor


Si naciste del otro lado de la línea limítrofe, los de enfrente siempre serán inferiores, poco evolucionados; peor si hay un partido de fútbol contra ellos, ya que podrías matarlos perfectamente  y comer de su carne así incites a la gula y a la caza indiscriminada. Si eres ateo, los creyentes no son nada más que un patético racimo de idiotas que bailan al son del rey Midas de turno (cuanto darías para que en sus cabezas con tan poco sentido común se dieran cuenta de que Dios hace mucho tiempo renuncio a su proyecto colegial de ciencias). Si eres punketo críticas al sistema y a los ridículos emos mientras vas a comprar después gracias al aporte monetario de terceros insertos en el modelo que criticas, esos zapatos que van mucho mejor con tu estilo alterno.

Que decir de los que se creen normales, ya que creen tener bien ajustado el nivel de crítica, indignación y todo lo malo si no es pensado a su criterio. Los hipsters para la mayoría son unos extraterrestres que deberían ser eliminados mientras estos últimos piensan también que el mundo debería ser evangelizado por ellos antes de que este sea invadido totalmente por las tendencias y los ciegos que siguen las modas a toda costa y a todo costo. Ni que decir cuando todos nos enfrentamos gracias a las posturas políticas, el tiempo, a que huele la boñiga de vaca y cual será el mejor presidente para que encarrile de una vez por todas a este puto país que amamos y que solo criticamos sin disfrutarlo.

Cuando volverá la esquiva tolerancia si es que alguna vez estuvo entre nosotros, cuando nos importará la vida del otro sin tener que entrar en detalles de su modo de pensar, cuando dejarán de afectarnos las cosas superfluas en vez de poner empeño a lo verdaderamente importante. ¿Cuándo los veganos y los carnívoros extremistas nos dejaran comer por fin tranquilos nuestros platos de comida los fines de semana? ¿Cuando crecerán por fin todas las Mafaldas que conozco y empezaran a arreglar de a poco y de una vez por todas lo que tanto critican?

caer en la red

Siempre he pensado que es preferible el abrazo corpóreo de un buen amigo al orgullo de tener más de tres mil followers autistas. En qué momento dejamos basar nuestra vida social al creer que tenemos más amigos que dedos gracias a Facebook. De qué manera empezamos a dejar de lado el verdadero placer del “touch” en una piel cercana por la manía de hacer lo mismo pero en un dispositivo pagado a cuotas cada tres segundos.

Sea donde sea que nos lleve esta tecnología, entendamos que Internet es solo un medio “para”; y no para terminar siendo solo una puta caja expendedora de dinero; un mero anexo de carne y vísceras de una computadora que le basta con corazones hechos con caracteres y “likes” en una página popular para pixelar una sonrisa.




jodido y radiante

Nacer, crecer, enamorarse, parir, trabajar, trabajar, trabajar para luego morir cansado. No suena alentador cuando, tal vez si se equivocan los crédulos, esta es la única ficha que tenemos en este juego que llamamos vida. Si es así, sabrá que al fin de cuentas valdrá la pena haberla gastado haciendo lo que en verdad le gusta y no acumular dinero que nunca se llevará, esto ultimo por supuesto, por hacer cosas que podrían perfectamente causarle estabilidad a cambio de nauseas con rutina en las rocas cada mañana.
Quien no ha querido en más de una ocasión mandar algo o simplemente todo a la mierda, allá mismo donde las cosas no regresan y se comprometen a no molestarlo nunca más. Sin embargo, si el miedo se ha acoplado a sus rodillas y lo ha anclado de alguna manera a seguir haciendo lo que lo hace miserable, tenga cuidado y no se deje caer. Yo lo acabo de hacer, no me cambio por nadie con esta sonrisa de más y lo más importante de todo, sigo vivo. Jodido pero radiante.

Desesperanza

Ya nada malo o aberrante nos sorprende; ahora hemos cedido nuestro nivel de tolerancia hasta el punto de ver noticias que parecieran ser salidas del mejor cine gore de los 80’s y seguir comiendo nuestra comida chatarra como si nada. Y es que si antes nos sorprendía la muerte de alguien (bueno o malo), ahora pasamos al postre como si nada con las violaciones de miles de niños por parte de la iglesia, femicidios, canibalismo y las típicas guerras en el mundo que nos presentan tan amablemente y con la mejor cara los noticieros.

A donde se fueron las punzada en el pecho y nuestra cara de orto al ver matar al otro (ya sea animal, humano o planta), cuando dejo de importarnos el hambre en África y no solo utilizarla como cliché para que tu hermano se terminara la comida servida. Hasta cuando seguirán las cadenas de indignación en Facebook y Twitter desde millones de sillones calientes y lugares confortables. Hasta cuando las generaciones por debajo de nosotros se preocuparán más por el presente que en ofender a otros, fotografiarse en baños y masacrar al idioma.

No me alegra aceptarlo pero mientras más voy conociendo a la humanidad, mas me siento orgulloso de ser un buen y querido extraterrestre.

a Fernando Vallejo.


lluvia

Estos días de lluvia me hacen dar cuenta de que puedo ser una persona de agua, de esos que solo les basta el sonido del goteo para enmarcar una sonrisa. Y es que esta lluvia, al menos en esta ciudad, trae mucho más que despejar las calles de cobardes; ya que de alguna manera se las arregla también para sacarnos de esta rutina espesa y de paso y sin cuota de manejo, limpiar el cielo que a diario es aniquilado por los autos con sus vómitos residuales.
Hoy es un jueves disfrazado de lunes, las reservas de café aun no han logrado sacarme del estado catatónico con el que vengo después de divorciarme prematuramente de la almohada. No queda más que acercarse sigilosamente a la ventana mientras todo el mundo afuera corre para huir de ese elemento que irónicamente da la vida. Me quedo enmarañado de lluvia mientras miro a la nada; es un minuto solo mío en donde se puede perfectamente cambiar el mundo con millones de ideas u olvidarlo completamente con todos sus humanos anexos que nos dejaron de alguna manera en la puerta del olvido.

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duda

Para los que preguntan soy de ese pequeño grupo de tierra que nadie ve, ese justo donde la magia pasa inadvertida pero hace rodar a la rueda.

crisis en horas de almuerzo

Estar parado a la orilla de la incertidumbre, esa misma que nos causa el futuro (el suyo y el mío por supuesto). Con esta ansiedad amarrada a las tripas, que de alguna manera carcome mi sangre y manda a mi sueño a papelera de reciclaje; que se muere de alguna manera por saber el desenlace de mi vida o al menos si lograré trascender con el tiempo más allá de mis huesos.

Cuantas veces nos preguntamos ¿por qué no vivimos la vida que deberíamos o soñamos? Si este efímero hilo es tan corto y carente de compasiones y tiempos extras.

Hoy podría perfectamente partir de un solo tajo este computador inocuo que debería estar más bien en una vitrina de museo, cubrir tiernamente de fuego mi cubículo de trabajo y dejar rápidamente de robarle 9 horas laborales de mierda a mi tiempo, dedicándome mas bien y con todo gusto a gastar todos mis aires y palpitaciones restantes a tu querida presencia.

sobre rescates y otros cuentos

Me siento en esta orilla de la soledad a saludarte, ya que por estos tiempos solo interactúa conmigo mi enorme taza de café y alguno que otro recuerdo que me visita cuando apago la luz.

¿Dónde te escondes, cuál es tu paradero, por donde caminas los jueves donde mueren las hojas y el invierno? Me pongo el saco y siento como esta barba acabará por esconderme completamente antes de volver a expulsar otro suspiro a causas de tu presencia.

Cabe resaltar que no precisamente te invoque para que aparezcas, pero si es necesario aclarar que una palabra tuya bastaría para salvarme.

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el anticristo somos todos


Cabe decir que me han matado de algún modo yen algún punto de mi mediana vida y sigo siendo optimista, he sido participe en como la injusticia se mete por nuestros poros, como tergiversan los medios y como muchos les llegan a creer como si fueran biblias parlantes. Gracias a la vida todavía me sigo conmoviendo por el llanto de los olvidados, por el suspiro de un exiliado y por el indígena incomprendido.

De alguna manera en esta vida llena de excesos y superficialísimos todavía me doy cuenta del valor de un beso en las noches, de darle una sonrisa al viejo olvidado de las aceras y obviamente en cómo te cambia la vida hasta un “buenos días” en el elevador.

Soy negro, blanco, indígena, criollo y zambo. Soy de allá y de acá; lloro desde la muerte de un mosquito y repudio como repudia el hombre a su propia sangre. Para que vinimos a este mundo sino a disfrutar del amor entre nosotros mismos, de que nos vale creernos una raza superior cuando ni siquiera podemos con el principio básico de tolerarnos.

Despertemos del sueño de creernos mejor del que esta a lado y más bien, hagámosle el amor como Dios manda.

Salvavidas

Abro los ojos con un esfuerzo tal que debería ser reconocido por la nación, me desplazo moribundo a la cocina; voy por el necesario café y de pronto como muchos, soy otro; tan solo vuelvo a la vida después del primer sorbo caliente que de a poco me resucita por la escases de horas de sueño que se van perdiendo con la madurez.
Saco el abrigo y muchas prendas anexas para aniquilar el frio. Me visto de quien no soy con estas capas costosas que debería quitarme al salir a la calle; camino sin ver a nadie con mi ceño fruncido como si odiara al mundo; y no es que lo odie, es más bien que la luz afecta directamente la vista cargada de miopía que heredé de mi madre.
Camino por estas calles de rutina de lunes a viernes igual que usted y pienso mientras llego a mi destino en nuestros políticos de mierda y la falta de tolerancia que caracteriza a esta raza que lamentablemente domina al mundo. En  que amo y odio más de lo que debería, en que me decepciono cada vez mas de mis amigos y familiares, en que he dejado nuevamente abierta la puerta al optimismo, en que estoy bajando de peso y en que gracias a la curiosidad y al sentido común no me he encasillado en ninguna religión cualquiera.
Llego nuevamente del laburo despues de 9 horas de guerras y treguas con terceros, convirtiéndome casi automáticamente en el zombie de las mañanas cuando cierro la puerta de mi casa. Por fin me visto de mi al quitarme toda la ropa de encima, me acuesto contigo y me encargo de dejarte mi ultimo atisbo de vida en un beso y algo mas por si acaso, hasta pasar a la eternidad que dura 6 horas y 35 minutos exactos cuando duermo a tu lado.