Si naciste del otro lado de la línea
limítrofe, los de enfrente siempre serán inferiores, poco evolucionados; peor
si hay un partido de fútbol contra ellos, ya que podrías matarlos perfectamente
y comer de su carne así incites a la
gula y a la caza indiscriminada. Si eres ateo, los creyentes no son nada más que
un patético racimo de idiotas que bailan al son del rey Midas de turno (cuanto darías
para que en sus cabezas con tan poco sentido común se dieran cuenta de que Dios
hace mucho tiempo renuncio a su proyecto colegial de ciencias). Si eres punketo críticas
al sistema y a los ridículos emos mientras vas a comprar después gracias al
aporte monetario de terceros insertos en el modelo que criticas, esos zapatos
que van mucho mejor con tu estilo alterno.
Que decir de los que se creen
normales, ya que creen tener bien ajustado el nivel de crítica, indignación y
todo lo malo si no es pensado a su criterio. Los hipsters para la mayoría son
unos extraterrestres que deberían ser eliminados mientras estos últimos piensan
también que el mundo debería ser evangelizado por ellos antes de que este sea invadido totalmente por las tendencias y los ciegos que siguen las modas a toda costa y a todo costo. Ni que
decir cuando todos nos enfrentamos gracias a las posturas políticas, el tiempo,
a que huele la boñiga de vaca y cual será el mejor presidente para que
encarrile de una vez por todas a este puto país que amamos y que solo
criticamos sin disfrutarlo.
Cuando volverá la esquiva
tolerancia si es que alguna vez estuvo entre nosotros, cuando nos importará la
vida del otro sin tener que entrar en detalles de su modo de pensar, cuando dejarán
de afectarnos las cosas superfluas en vez de poner empeño a lo verdaderamente
importante. ¿Cuándo los veganos y los carnívoros extremistas nos dejaran comer
por fin tranquilos nuestros platos de comida los fines de semana? ¿Cuando crecerán por fin todas las Mafaldas que
conozco y empezaran a arreglar de a poco y de una vez por todas lo que tanto
critican?