Abro los ojos con un esfuerzo tal que debería ser reconocido por la nación, me desplazo moribundo a la cocina; voy por el necesario café y de pronto como muchos, soy otro; tan solo vuelvo a la vida después del primer sorbo caliente que de a poco me resucita por la escases de horas de sueño que se van perdiendo con la madurez.
Saco el abrigo y muchas prendas anexas para aniquilar el frio. Me visto de quien no soy con estas capas costosas que debería quitarme al salir a la calle; camino sin ver a nadie con mi ceño fruncido como si odiara al mundo; y no es que lo odie, es más bien que la luz afecta directamente la vista cargada de miopía que heredé de mi madre.
Camino por estas calles de rutina de lunes a viernes igual que usted y pienso mientras llego a mi destino en nuestros políticos de mierda y la falta de tolerancia que caracteriza a esta raza que lamentablemente domina al mundo. En que amo y odio más de lo que debería, en que me decepciono cada vez mas de mis amigos y familiares, en que he dejado nuevamente abierta la puerta al optimismo, en que estoy bajando de peso y en que gracias a la curiosidad y al sentido común no me he encasillado en ninguna religión cualquiera.
Llego nuevamente del laburo despues de 9 horas de guerras y treguas con terceros, convirtiéndome casi automáticamente en el zombie de las mañanas cuando cierro la puerta de mi casa. Por fin me visto de mi al quitarme toda la ropa de encima, me acuesto contigo y me encargo de dejarte mi ultimo atisbo de vida en un beso y algo mas por si acaso, hasta pasar a la eternidad que dura 6 horas y 35 minutos exactos cuando duermo a tu lado.
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