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caer en la red

Siempre he pensado que es preferible el abrazo corpóreo de un buen amigo al orgullo de tener más de tres mil followers autistas. En qué momento dejamos basar nuestra vida social al creer que tenemos más amigos que dedos gracias a Facebook. De qué manera empezamos a dejar de lado el verdadero placer del “touch” en una piel cercana por la manía de hacer lo mismo pero en un dispositivo pagado a cuotas cada tres segundos.

Sea donde sea que nos lleve esta tecnología, entendamos que Internet es solo un medio “para”; y no para terminar siendo solo una puta caja expendedora de dinero; un mero anexo de carne y vísceras de una computadora que le basta con corazones hechos con caracteres y “likes” en una página popular para pixelar una sonrisa.




Desesperanza

Ya nada malo o aberrante nos sorprende; ahora hemos cedido nuestro nivel de tolerancia hasta el punto de ver noticias que parecieran ser salidas del mejor cine gore de los 80’s y seguir comiendo nuestra comida chatarra como si nada. Y es que si antes nos sorprendía la muerte de alguien (bueno o malo), ahora pasamos al postre como si nada con las violaciones de miles de niños por parte de la iglesia, femicidios, canibalismo y las típicas guerras en el mundo que nos presentan tan amablemente y con la mejor cara los noticieros.

A donde se fueron las punzada en el pecho y nuestra cara de orto al ver matar al otro (ya sea animal, humano o planta), cuando dejo de importarnos el hambre en África y no solo utilizarla como cliché para que tu hermano se terminara la comida servida. Hasta cuando seguirán las cadenas de indignación en Facebook y Twitter desde millones de sillones calientes y lugares confortables. Hasta cuando las generaciones por debajo de nosotros se preocuparán más por el presente que en ofender a otros, fotografiarse en baños y masacrar al idioma.

No me alegra aceptarlo pero mientras más voy conociendo a la humanidad, mas me siento orgulloso de ser un buen y querido extraterrestre.

a Fernando Vallejo.