Hace
trece años y doscientos cincuenta y tres minutos que Belarmino ya no sentía su
corazón en el cuerpo, se lo había llevado arrastrado en sus zapatos aquella
efímera y felina mujer que pasó rápidamente por su vida en el otoño del 93; es
por esto que este fulano por carecer de este órgano indispensable, hace mucho
que había dejado de tener colores en la piel o pisado los andenes de su ya no
tan querido Buenos Aires, mucho menos, regalar alguna mísera sonrisa que no
haya tenido que ser parida por la ironía.
Desde
aquel día en que las palabras del fin lo habían tomado por sorpresa, había
convertido su humanidad en un conjunto de órganos inertes, solo postrado en su
departamento de calle Corrientes, viendo por la ventana de su computador como
el mundo vivía y moría diariamente, volviendo cada día su ceño más arrugado,
acumulando cada vez más piel doblada y desesperanza hacia el comienzo de su
nariz.
“De
estas felinas líbralos señor”, solo se atrevía a rezar en las noches en que ya
no dormía, después de preguntarse siempre a que señor le hablaba, ya que si
existía debía ser el peor de todos por crear un circo para entretención propia,
o por el contrario, si no, solo estaba completamente destinado a hablar entre
personajes de ciencia ficción, entre un muerto viviente descorazonado y un Sumo
creador de todo el universo que se encarga solamente de dejar sus llamadas en
espera.
Ya
son las dos y media de la madrugada en la capital de los ex amores porteños, Belarmino
se va como es de costumbre a su cama a tratar de matar al insomnio, se va sin
saber que gracias a su olvido atribuido a los efectos secundarios del fármaco y
a un colapso en el servicio de entregas a domicilio, tendrá que salir
a buscar por sus propios medios a su amigo Prozac en la farmacia más cercana,
desconociendo completamente que en exactamente veinticinco minutos y trece
segundos después de cerrar la puerta de su casa; su cuerpo vacío, libre de
sonidos, de diástoles o de algún sentimiento normal emanado por un ser vivo
normal, perderá completamente su negro invicto después de tantos años por conocer
a Ana, a su nueva querida Ana en la fila de los antidepresivos.