Resulta que este mengano tenía mucho, menos ganas de vivir; esas las
había dejado guardadas en algún libro que nunca leyó, allá en el desván, almacenando polvo
junto a las oportunidades perdidas, los "te quiero" no dichos y esa voluntad esfumada
con la cual se han conquistado mundos. Había borrado su sonrisa por abusar de
la bohemia, por fumarse el dinero y la cordura, nada más que por aspirarse toda
la droga y nunca los buenos tiempos a las revoluciones reales con que venimos
al mundo.
Me duele verlo caminar muerto por estas calles antes de estar
difunto, verlo invadido de fantasmas, compartiendo con demonios y otros perdidos que podrían hundir mas humanos que misiles en el atlántico. Me pregunto que se le puede decir a un vivo que ha decidido enterrarse
antes de tiempo, que se ha convertido en una tapia que no diferencia consejos
de concejos, que nunca ha aprendido a usar el apoyo de los que lo aman, para resucitar
de nuevo.
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