El triste


Él, habitante invisible de estas calles, siempre dilataba para mañana el despabile para regalarle a ella, mesera ilustre de su cafetería favorita, una presentación o saludo con ánimo de lucro. Él, alma discreta y muda, prefiere dejar para el después todos los “te quiero”, los “gracias” y todas esas palabras que se creen de sobra para los que tienen su misma sangre, pero que a la larga hacen tanta falta como el pan y la mantequilla antes de una comida cualquiera.

Octavio, un ciudadano ilustre sin lustre, completamente opaco y sin gracia, ha salido a mostrar su rutina como todos los días, evitando calles que lo junten con conocidos, saltándose callejones que aludan a saludos y a buscar escondites necesarios para evitar sonrisas falsas; Octavio de ojos tristes y de vida postergada, camina ahora por calle Dolores con nada más que su sombra pegada a sus pasos, sin saber como todos los mundanos que habitamos este mundo que le llegará su muerte sin previo aviso y sin dilataciones, hoy, después de tomarse su ultimo café y guardarse su último silencio para su adorada Martha.


1 comentario:

Anónimo dijo...

muchos así en estos tiempos, tanta gente y tanto silencio.