Carnival


En estos momentos mi familia vive el carnaval en la tierra que me pario, lejos de la rutina, el smog y el hervor santiaguino; lejos del sol sofocante y el hermetismo de la gente de la que ya casi logro acostumbre.

No puedo negar el cariño que le tengo a estas calles y a sus perros maniacos que ladran solo a las llantas de los autos de color negro; pero debo ser capaz de reconocer que el único polo a tierra que no hace que me tire del balcón de mi decimo cuarto piso un domingo pasadas las seis de la tarde, has sido tú cuando me hablas de esa manera que solo logras hacerlo tocándome la entrepierna.

Espero seguir produciendo plaquetas y bombeos de glóbulos rojos sanos hasta el otro año, viajar de tu mano y revolvernos de pastusidad como Baco manda, comer lo que tanto ansiamos en nuestros sueños y realidades y poder ver con ojos compadecientes a los que nos ven desde lejos  sintiendo lo mismo que yo al escribir esta entrada.

2 comentarios:

Nata dijo...

Es imposible acostumbrarse al hermetismo ajeno. Un saludo.

Luna Gorbachev dijo...

que buena entrada!