tragicomedia


Soy un fantasma sin querer serlo, un muerto que murió sabiendo exactamente la hora de su partida, un eco que recorre las noches en busca de lo que ya poco recuerda. Creo que empecé a aparecer por estos pasillos hace 100 años fantasma y he visto pasar familias cercanas y lejanas, unas más alegres que otras, unas más muertas que vivas.

Camino sin pies por las solitarias habitaciones de la casa, me siento a ver por la ventana como pasean a los perros y a los niños en las tardes; Como extraño un buen café, una buena copa o simplemente el beso de buenas noches. ¿Donde estará mi amor perdido? me pregunto, porque no sé aun su paradero desde que me dejo por Humberto cuando mi país decidió por mí para ir a la guerra; no lo sé aun, desde que decidí abrir mis venas a la fuerza para preguntarle al Dios que aun no he visto, porque le gustan tanto las tragicomedias.

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